El Camino a casa. Por Diego Recio
Caminas. Llevas haciéndolo horas. De hecho, hace ya varios días que comenzaste a caminar. Te has hecho a ello. Hace un rato te dolían los pies. ¿O eso era ayer? No lo recuerdas bien.
Leer másCaminas. Llevas haciéndolo horas. De hecho, hace ya varios días que comenzaste a caminar. Te has hecho a ello. Hace un rato te dolían los pies. ¿O eso era ayer? No lo recuerdas bien.
Leer másCada verano tiene sus propias rutinas. Una de las que más disfruto yo es seleccionar qué libros me voy a llevar. Un par de novelas, ensayo, poesía, historia, teología, espiritualidad; alguna novedad, algo desconocido, algo clásico.
Leer másUno de los mayores problemas que hay aquí en El Seibo, es el abuso de los poderosos frente a los empobrecidos; la última lucha de los misioneros dominicos son los desalojos injustos que sufrieron casi 60 familias, hace menos de un año; tiraron sus casas con todos sus enseres dentro, su hogar que habían ido construyendo poco a poco…
Leer másHay una sabiduría muy cotidiana que nos recuerda que las cosas son más que cosas. Por eso guardamos recuerdos. Por eso nos cuesta desprendernos de algunos objetos. Los catalanes tenemos fama de no tirar nada. Sospecho que casi nunca es por ahorro
Leer másPensar en el verano de la infancia es recordar el olor a sal y a crema solar que embadurnaba todo el cuerpo. Es volver a aquellas interminables horas de juego, a las cartas, en la orilla del mar, a las palas, cogiendo olas y no querer salir del agua, aunque las olas te llevaran hasta el otro lado de la playa. Pero, aun en aquella libertad, siempre había alguien cuidándote y protegiéndote.
Leer másMás allá de la leyenda, Montesclaros ha sido durante muchos veranos una fuente fresca entre montes verdes y azules, que tornaban en resplandores magentas por la tarde sobre la espadaña de santuario dominico. Lugar de manantiales, como apuntara el poeta Emilio Rodríguez. Fuente de luz en medio del verano entre bosques y senderos hacia el río.
Leer másAterricé en España el 15 de marzo del 2001, a punto de cumplir los 8 años. El cambio tuvo las mismas dimensiones que el inmenso océano que habíamos atravesado en el avión. Me incorporaron al colegio en un curso que estaba a punto de terminar, por suerte para mí, porque necesitaba tiempo para adaptarme a la nueva ciudad, cultura y realidad.
Leer más