El último provincial de Bética
Cuando nos dejan nuestros frailes mayores, sentimos que nos vamos quedando, poco a poco, huérfanos. Y este sentimiento es muy real porque nos toca despedir a los hombres que nos recibieron en la Orden tal como éramos en aquellos momentos, es decir, con nuestras miserias y pecados, pero también con nuestras virtudes y esperanzas.
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