Infancia

Opinión

Dios se viene de vacaciones

Pensar en el verano de la infancia es recordar el olor a sal y a crema solar que embadurnaba todo el cuerpo. Es volver a aquellas interminables horas de juego, a las cartas, en la orilla del mar, a las palas, cogiendo olas y no querer salir del agua, aunque las olas te llevaran hasta el otro lado de la playa. Pero, aun en aquella libertad, siempre había alguien cuidándote y protegiéndote.

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