Abriendo los ojos a la realidad: «Profe, quiero volverme a mi país»
Trabajo en un instituto a dos paradas de tren desde Atocha, pero si me dijeran que estoy de misión en otro país, me lo creería.
Ayer se me encogía el corazón; una de mis alumnas me dijo «profe quiero volverme a mi país». La vida no es fácil para quien viene de fuera. No sé cuánto tiempo lleva en España, sí sé que ha repetido dos cursos y que el otro día cuando les ofrecí las clases de refuerzo gratuitas por las tardes me dijo que no podía porque tenía que cuidar de sus hermanos pequeños. Su madre tampoco puede venir a la reunión de padres por su horario laboral. Se une echar de menos el calor de la familia y amigos, la diferencia de nivel académico, la carga laboral de una madre para sacar adelante a sus hijos y su falta de tiempo para compartir con ellos y que ella sea la mayor con la responsabilidad que esto conlleva…
La semana pasada vino a una reunión una madre de un alumno, lleva 10 años en España, pero no ha aprendido castellano. Su hijo, de 1 ESO, hacía de intérprete en un tema bastante delicado y que la madre tenía que firmar; nunca sabremos cómo de literal era su traducción ni qué llegó a entender la madre. Mientras yo me preguntaba cómo se desenvuelve en el día a día con varios hijos, enseguida la trabajadora social la derivó a clases de español para mejorar su integración y que así pueda buscar trabajo para mejorar su situación económica. Es una suerte tener esa figura en institutos como este.
El otro día les dije a mis alumnos, «acordaos que el 12 de octubre es fiesta y no hay instituto». Uno me dijo muy serio que por favor escribiera a sus padres porque no se lo iban a creer, otro me preguntó «y ¿qué pasa si venimos?» «Tú verás, el instituto va a estar cerrado». Sus fiestas no son nuestras fiestas, no sé si os ha pasado alguna vez, estar en el extranjero un día de fiesta que allí no se celebra, pero es bastante raro y se echa de menos; pero también nos pasa al contrario, que allí sea fiesta desconocida para ti, y eso suele ser divertido y además ayuda a conocer parte de la cultura.
Tengo muchos alumnos de un mismo país; su idioma no es nuestro idioma, los alumnos me dicen que lo aprenda, pero no es nada fácil; cuando quieren decir algo y no quieren que me entere lo utilizan. Y cuando les pido que me lo traduzcan, entre risas, se lo inventan, pero por el tono sé perfectamente que no coinciden…
Este curso se presenta muy interesante, cada día aprendiendo del encuentro con el otro en un mundo multicultural cada vez más complejo, intentando enseñar matemáticas y acompañar cada situación, nada fácil.
Belén Sánchez
