Echarse al monte
Estamos cada vez peor. Y estamos cada vez peor, entre otras cosas, porque pensamos que estamos cada vez peor. Una de esas consecuencias es que últimamente oigo con mayor frecuencia aquello de «yo me voy al monte».
Leer másEstamos cada vez peor. Y estamos cada vez peor, entre otras cosas, porque pensamos que estamos cada vez peor. Una de esas consecuencias es que últimamente oigo con mayor frecuencia aquello de «yo me voy al monte».
Leer másCiudad de Santo Domingo de Guzmán. Isla de La Española. Diciembre de 1511. Es invierno, pero el Caribe no conoce el frío castellano. El sol, en lo alto del firmamento, es implacable; no perdona. El aire arrastra el olor dulzón de la caña recién cortada
Leer más¿Por qué Venezuela ha llegado donde está? ¿Cómo se explica? Para entenderlo, primero debemos hablar de Cuba.
Leer másNo se trata de buscar sin más culpables de las desgracias, terribles, a merced del azar y la mala fortuna de las circunstancias que se concatenan, pero pueden dar por hecho, que cuando nadie asume sus responsabilidades, cuando nadie tiene culpa de nada, es que hay alguien que no ha hecho bien su trabajo.
Leer másSin duda el apresamiento de Nicolás Maduro no dejó indiferente a nadie. Al contrario, ha generado emociones contradictorias y reacciones encontradas a medida que se han ido desarrollando los acontecimientos.
Leer másVivimos una vida de alta velocidad, donde todo parece avanzar sin pausa y casi sin tiempo para detenernos. Muchas veces la vida pasa ante nuestros ojos como el paisaje que se escapa por la ventanilla de un tren, todo ocurre deprisa, sin permitirnos fijarnos en los detalles
Leer másNotas “a correcuita” de lo que mis ojos ven a mi alrededor y que va mal, y que son signos de muchos otros problemas, de las cosas que realmente van mal en el mundo.
Leer másLes presentamos unas notas a vuela pluma que nos lanza fray Marcos García, fraile dominico venezolano que tuvo que venir a España ante la situación de su país hace años.
Leer másIgual lo que nos hace falta no es tanta palabra (en minúscula, ojo), sino más silencio. Más oración, más contemplación. Menos hablar y más escuchar. Pero escuchar de verdad. Escuchar la Verdad.
Leer másEn la mayor parte de los cuentos de amor clásicos, el final es algo así como “fueron felices, tuvieron muchos hijos y comieron perdices”. Ala, así, cuarenta o cincuenta años del tirón en una sola frase, cuando nos hemos pasado horas y horas contando las aventuras y desventuras de ambos protagonistas
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