Luz en el vacío
Tras días de fiestas, encuentros, comilonas, regalos, ilusión ahora toca la vuelta a la rutina. Durante estos días he escuchado por parte de varias personas un sentimiento que todos hemos podido experimentar alguna vez, el sentimiento de vacío.
Podríamos decir de manera general que el vacío es la ausencia de materia, un espacio que queda libre. Esto llevado a nuestra vida personal se suele relacionar con la ausencia tanto de motivación personal como la no presencia de una persona, normalmente querida. Estas fechas que hemos pasado, donde son comunes las reuniones familiares y de amistad, puede surgir este sentimiento cuando “falta alguien en la mesa” ya sea por fallecimiento o por distancia.
Es un sentimiento que no suele ser agradable ya que nos indica que algo o en este caso alguien que estaba, ahora no se encuentra presente. Pero es importante vivirlo para gestionar la ausencia. Nos informa que esa persona ha sido importante en nuestra vida y nos sirve para analizar quién era esa persona, por qué ha sido importante y que he aprendido de él/ ella. No consiste en solo ver desde la distancia el hueco vacio, sino vivir y continuar sabiendo la importancia de su vida en nosotros.
Antes del 25 de diciembre vivíamos en espera ante un pesebre vacio, que se iluminó con la presencia de Dios en la tierra acompañado de María, José, pastores, los magos de oriente… Ya iniciamos el tiempo ordinario donde viviremos y aprenderemos de la vida de Jesús.
Y a modo spoiler, sabemos que morirá y que dejará un sepulcro vacío. Las mujeres que lo acompañarán sentirán el dolor de la pérdida, pero con la confianza en Él sabrán que su presencia seguirá viva. La Resurrección es la experiencia más importante para un cristiano y sabemos que la vida son continuos cambios, dolor, injusticia, muerte pero no nos quedamos ahí sino que vivimos con esperanza, en libertad, alegría, compromiso, compasión… siempre acompañados de Dios y de su imagen en los hermanos.
Que en estos días que retomamos la rutina, y con el vacio que también nos dejan los reencuentros de la Navidad, iluminemos cada lugar por el que pasemos, siendo esperanza y presencia viva de Dios.
Belén Rodríguez Román
