Solo me sale…
No quiero opinar de si Torrente presidente es fascista o humor genial, aunque la he visto. Tampoco quiero opinar sobre la eutanasia de Noelia, aunque haya leído las noticias (o precisamente porque las he leído). Ni de la guerra de Irán, aunque cuando empezó algún comentario vertí, y mira que sigo prácticamente día a día lo que cuentan los medios. Tampoco de si han detenido a un ex diputado por su color de piel, ni del cambio de ministerios, ni de las elecciones andaluzas.
Siento que, de todo lo que está pasando ahora, poco o nada puedo hacer respecto a lo verdaderamente grave y preocupante. Incluso no estoy seguro de qué pensar, porque cada vez es todo más complicado y lo que parece blanco es negro y lo que parece negro es blanco. Y en las pocas cosas en las que quizá tenga una opinión más clara, puede que sean las más frívolas o, simplemente, no tengo ninguna necesidad de compartirlas.
Tan solo me sale, estos días, poner todas esas cosas en manos de Dios, decirle que «oye, mira qué loco está el mundo», y confiar en que Él lo entiende todo mucho mejor, que la mayoría de estas cosas pasarán y que, en esta combinación de dolor y frivolidad confundidos entre sí que es lo que se publica en los medios, quedará lo esencial.
También me sale, cuando rezo, quedarme en silencio para ver si me tiene algo que decir, o al menos un poco de paz que darme en toda la locura en que vivimos.
Y darle gracias porque, entre tanto frenetismo, puedo disfrutar del lujo de parar un poco en el día a día y saber que está ahí, entre fogones y sándwiches de queso en la merienda. Y porque dentro de más o menos un año estaremos volviendo a celebrar la Semana Santa después de la temporada de torrijas, a la que algunos llaman Cuaresma.
Y suelo terminar diciéndole que ya lo sabe, pero que es lo mejor que le ha pasado al universo.
Asier Solana
