Tengo sed
Texto pronunciado por Sagrario Rollán en la meditación colectiva sobre las últimas Siete Palabras de Cristo en la Cruz en la Iglesia de San Juan de Sahagún, en Salamanca, el Lunes Santo.
Tengo sed
Sed que despierta mi sed, sed que me estás despertando a las aguas vivas, desde tan lejos y tan alto como alba en la noche, sed que grita en la sombra del Calvario hacia los astros. Astro es tu boca enmudecida con vinagre hasta que el roce celeste aliente tus labios, y dices…
Tengo sed
Sed de misericordia, desde los confines del mundo, desde los pozos drenados, desde la noche oscura de selvas y desiertos, desde ciudades violentas, acristaladas de angustia y soledad, te escucho clamar, Cristo, mi Señor roto y despojado…
Tengo sed
Tu sed arrojada más allá de campos de bombas y misiles estallando sobre labios castigados, donde ya no hay voz ni refugio, sed poblada de bocas malditas, ahítas como aves rapaces que aletean sobre el vino y el pan de hogares desmantelados. ¡Cuanta sed y hambre encerradas en tu quinta palabra, con la esperanza de ser saciadas! Quiero hundir en tu sed mi vida, cuando el infinito amor sobre mí se ha volcado…
Tengo sed
Vuelves a implorar, Cristo de los costados abiertos, tengo sed, tú, fuente eterna y escondida, ciervo vulnerado, ¡oh cristalina fuente!, boca que desenterraste el amanecer más claro con tu lengua bendecidora…
Tengo sed
Sed desnuda que sacude tu carne reseca, colgada como cordero en el matadero de la ignominia. Sed humilde que implora a los acuíferos de la ternura indecible, sed que abraza mi sed, sed que me has desfondado, porque te viertes cual torrente, desde tan hondo y tan alto…
Tengo sed
Te oigo, Cristo, cántaro de vida, Cristo, vaso de luz sin ocaso, te oigo sin comprender mientras recuerdo mi primer encuentro contigo, bajo la luz cenital de la gracia en aquel mediodía deslumbrante de Siquem, cuando me pediste junto al pozo, dame de beber, y quiero mojar tus labios, que entonces brillaron sobre el brocal como el rocío de la mañana, y tu boca que prometía veneros insondables saltando hacia otra vida. Y quiero hundir en tu sed esta vida mía, de mujer extrañada y zarandeada por tantos anhelos y quiero creer que solo hacia el cielo se ha de abrir la boca del deseo, vacía de cualquiera otra llenura, y desde entonces y desde ahora, mi alma tiene sed de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua…
Tengo sed
Es tiempo de morir despacio, tu pasión consentida, musitas de nuevo, tengo sed, apenas un suspiro de insecto derrotado y escupido, libando tristemente los últimos néctares de la tarde, desde la flor más alta, desde el madero encumbrado sobre el monte de la vergüenza y el escarnio. Desde el árbol oscuro que mañana será glorificado…
Mañana, si, mañana volveré a besarte, a enjugar tus pies con mi cabello, lavaré mi vergüenza con tu sangre y el agua de tu costado vestirá el resplandor de mi nombre, yo samaritana Fotina, la iluminada, volveré con los oscuros, los sacrificados, volveré y los atraeré hacia el pozo de tu gracia. Porque mi alma tiene sed de ti, me hundo en selvas y jardines desolados, caigo en el barro de la compasión, mientras descienden los siglos hacia los hondos barrancos de la miseria del mundo…
Sed de mi sed, nunca saciada y siempre despierta, inscrita por los siglos de los siglos sobre tus labios, quinta palabra crucificada, tengo sed, sed de nuestra sed, implorabas, y entonces…
Olvidé el cántaro y el agua,
sepulté los besos
y la risa enajenada de los amantes.
Desde Siquem hasta el Gólgota
hombro rendido, cráneo espantado,
por ventura me sumiera
en las cárcavas dulcísimas
de tu mirada, que no ofende,
mas abraza y consuela.
Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde.
Sagrario Rollán
