Conversión
Convertíos y creed… se nos decía hace una semana al iniciar la Cuaresma, con la imposición de la Ceniza. Invitación clásica fue la de polvo eres y en polvo te has de convertir, una y otra se encuentran, pues serán ceniza, mas tendrán sentido, polvo serán, mas polvo enamorado, escribe Quevedo. Desde el polvo enamorado os invito a reflexionar hoy sobre el significado de la conversión como metanoia, cambio de rumbo y de mirada, mientras respiramos la atmósfera de Cuaresma, vuelta al latido sereno y hondo, sístole y diástole hacia la Pascua.
No creo en la conversión súbita y brutal, tal como suele representarse la conversión de san Pablo, caída del caballo que parece ser una invención de Caravaggio, o sea, la conversión no es COLISIÓN, esta imaginería tan repetida que parece empujarnos al deporte de riesgo para encontrarnos con Jesús. No es colisión, pero sí conmoción.
1. Hay CONMOCIÓN en la conversión, son muchos los testigos, grandes santos y humildes creyentes, que dan fe de movimientos espirituales repetidos, circulares, a veces errátiles, que finalmente parecen ir encajando las piezas de la vida hacia el centro del alma. El mismo Saulo sufre una conmoción, manifiesta en la ceguera, que va a dirigir en adelante sus pasos, nueva luz, hacia la misión. Conmoción también en la literatura piadosa castellana:
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
2. La conmoción conlleva COMPASIÓN, es decir, padecer con. Recordemos el tránsito de san Francisco cuyo centenario celebramos este año. San Francisco era un niño bien, como tantos ecologistas a la moda; pero le repugnaba, cómo no, la miseria de la enfermedad y le espantaba la muerte. Él entra en la leyenda también sobre un caballo, cuando se encuentra con el leproso, inmediatamente la conmoción compasiva le lleva a un abrazo que cambiará completamente su vida, lavando heridas, venciendo la repugnancia, abrazando, abrazando, abrazando…
3. Conversión es un modo CONVERSACIÓN, charla familiar, habitación y morada, con el Amor de los amores, como dice santa Teresa en el Libro de la Vida, tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama. Así entiende la oración ella que sabe tanto de conversiones, conversaciones y negocios varios, ella que ha relatado magistralmente la conversión como proceso y no como golpe súbito. No importa lo que nosotros hablemos o sepamos, basta saber que Él nos ama. Conversación de tú a Tú, que deriva, a su vez, en conversación sincera con los otros.
4. En consecuencia, CONVIVENCIA sería otra manera de decir la conversión. Convivencia y armonía porque no vivimos solos, no habitamos aislados. Como santa Teresa, viajera y monja contemplativa, pero no ermitaña, vivimos, nos desarrollamos y crecemos en familia primero, y luego en comunidad, ahí encontramos nuestras fallas y tropiezos; pues convivencia no es mera coexistencia, no somos objetos agrupados en vecindarios anónimos o en ciudades hostiles. Como hermanos decimos Padre nuestro que estás en los cielos… y desde la convivencia evocamos la alegría fraterna que canta el salmo 133 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!
5. Sigamos profundizando en la sensibilidad de las palabras, convivencia fraterna es la COMUNIÓN. Comunión en lo más común que tenemos, el partir, compartir y repartir de Jesús en la Cena, cuando habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo (Juan 13) Sacramento, desde entonces, será compartir y partir el pan, pero también el hambre y la carga de los días y las penas. Comunión de los santos, venid, benditos de mi padre, (Mateo 25) donde se va reflejando el Rostro del Amor en aquel preso, en aquel pobre, en aquel desdichado, en la mudez y angustia de aquel indigente invisible. Conversión en la comunión.
6. Todo esto se hace posible sólo cuando somos capaces de concertar las piezas, otra expresión teresiana para significar la necesidad de CONCIERTO en la verdadera conversión. Concierto de pasos acordes encontrados, consonancia y no disonancia, armonía y no cacofonía, silencio repetido en sus ecos más profundos donde habita la única Palabra que nos hace hermanos y miembros del mismo Cuerpo Místico, resonando en eterno silencio, y que en silencio ha de ser escuchada según san Juan de la Cruz.
7. Nuestra vida se renueva entonces desde la conversión que se torna, en último término, CONFESIÓN. La confesión, al decir de María Zambrano, se ejecuta en un doble movimiento desesperado, de huida de sí y de búsqueda que esclarezca la huida. Así san Agustín cuando comienza a sondear su vida pasada y presente en Las Confesiones, desde lo más recóndito de la memoria recuerda la silenciosa armonía del jardín, en el momento crucial que escucha Tolle, lege (Toma y lee). Entonces surge también el lamento, desde la melancolía que de algún modo nos configura como seres temporales, Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba.
Como las siete palabras de Jesús en la Cruz, ojalá este glosario de la CONVERSIÓN pueda motivar y despejar nuestro corazón atenazado por tantos miedos, egoísmos e incertidumbres. Y nos disponga en esta Cuaresma a concertar las piezas que nos fragmentan interiormente, y las que suscitan división y enfrentamiento. Que seamos capaces de caminar juntos, más allá de nuestras diferencias, hacia la comunión en el Espíritu de Jesús, que culminará en la Pascua. Entonces rezaremos con el poeta:
Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Sagrario Rollán
