Cultura

Severance: entre la oficina y el olvido

La serie Severance (Separación en España), creada por Dan Erickson y con varios capítulos dirigidos magistralmente por Ben Stiller, acaba de cerrar su segunda temporada en Apple TV+. Un thriller psicológico con toques de ciencia ficción que atrapa desde el primer episodio con su premisa inquietante: ¿qué pasaría si pudiéramos separar por completo nuestra vida laboral de la personal?

La historia nos sitúa en Lumon Industries, una empresa en la que algunos empleados se han sometido voluntariamente a un procedimiento que divide su conciencia en dos: la que trabaja dentro de la oficina y la que vive fuera de ella. Ninguna de las dos sabe nada de la otra. Un concepto tan perturbador como fascinante, que la serie explora con inteligencia y tensión creciente.

Técnicamente, Severance es una maravilla. Su fotografía fría, los espacios minimalistas y asfixiantes, y una banda sonora que refuerza la sensación de alienación convierten cada episodio en una experiencia envolvente. Todo está diseñado para transmitir la desconexión, la opresión y la sensación de estar atrapado en un sistema que devora la identidad de sus trabajadores.

Pero más allá de su impecable estética, la serie plantea dilemas profundos. Habla de la deshumanización del trabajador, el control totalitario de las grandes corporaciones, la falta de ética empresarial y la desconexión emocional. Sin embargo, entre tanta distopía también hay destellos de humanidad: la búsqueda de la verdad, la importancia del compañerismo y la resistencia frente a la injusticia.

Los personajes están magníficamente construidos. Cada uno tiene su propio arco narrativo y sus conflictos internos, lo que los hace creíbles y, sobre todo, humanos. La evolución de Mark (Adam Scott) y sus compañeros es uno de los puntos fuertes de la serie, que nos hace preguntarnos hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar un sistema que nos despoja de nuestra propia identidad.

Severance no solo es una de las mejores series de los últimos años, sino que consigue lo que pocas logran: dejar al espectador con una inquietud real y planteando preguntas que van mucho más allá de la pantalla. Totalmente recomendable.

Santi Vedrí