Religión

Peregrinar en la cuaresma

Espero ese día con gran ilusión. Como peregrina, ando de nuevo por este camino. A pesar de ya ir teniendo cierto conocimiento de lo que puede ocurrir en él, me sigue dando cierto respeto, miedo a lo desconocido. Sé que estoy en buenas manos, pero la parte humana se quiere preparar y tomar el control. Para eso, el Señor me da el momento y las herramientas necesarias para hacer bien este camino: oración, ayuno y limosna.

Me anima a que haga una paradita junto al Él, en el silencio, en el recogimiento, en el diálogo personal de la oración. Ahí me reconforta, me da la paz y la confianza para seguir.

Me anima a que deje todo aquello que no me aporta, que me aleja de Él, que puede pesar y hacerme sentir mal. En ese ayuno me limpia y hace que dentro de mí solo se quede lo bueno.

Por último, la limosna. El Señor pone en mi camino a personas que me enseñan, que me dan pistas de cómo seguir. Y no solo enseñan de palabra, sino que trasmiten algo que hace sentir muy bien, el amor. Podemos compartir tiempo, experiencias y nuevas situaciones. Ahí es donde yo también puedo dar, dar esa limosna para quien necesite consuelo, una palabra adecuada, un gesto amable.

A pesar de todo, el camino sigue siendo incierto, y también aparecen grandes dificultades. Se siente dolor, sufrimiento, injusticia, desesperanza, debilidad y vulnerable. Pero su Palabra sigue diciendo: CONFÍA.

Esta palabra se repite continuamente a mi alrededor, en las buenas personas, en el cariño de los hermanos, en la mano que ayuda y el apoyo, en el consuelo de la oración. Esto es aliento y fuerza para seguir en el camino.

Y ¡cuántas sorpresas! ¡qué de regalos!  ¡qué alegría tan inmensa! Parece que son estos los milagros del Señor, los pequeños gestos, los detalles, la alegría y de nuevo, amor. ¡Esta sensación de nuevo! Tengo el deseo de compartirla, y poder trasmitir esa fe a los demás, poner a disposición los dones que ha puesto en mí y seguir siendo peregrina en la Esperanza. 

Que esta cuaresma la vivamos haciendo camino, aprovechando este tiempo para peregrinar orando, compartiendo y viviendo con esperanza todo lo que está por llegar.

Belén Rodríguez