Epifanía o el Dios de las búsquedas
El fin de año me ha regalado ser testigo de varias búsquedas: parejas que buscan una mayor consolidación, algunos que buscan su lugar en el mundo, jugándosela en opciones de vida, otros que se buscan a sí mismos mientras huyen de la superficialidad, y también los que buscan su manera de servir más y mejor. En cada persona hay una búsqueda, que, desde un deseo, impulsa y organiza movimientos para alcanzar lo deseado. Y si podemos decir algo de la fiesta de reyes o de Epifanía, es que se trata de la fiesta de los buscadores.
El relato de Mateo nos pone ante dos tipos de búsquedas: la primera de ellas es la de los magos de oriente: Buscan a un niño porque han visto su estrella. Se trata de hombres venidos de otros lugares, de otras sabidurías, que han mirado más allá, descubriendo una nueva estrella y una nueva luz. Atraviesan las distancias de las culturas, lenguajes y lógicas, para llegar hasta la luz, aventurándose en lo desconocido. Se saben buscadores, peregrinos de un camino que se hace, en contra de sus expectativas, lejos de los palacios y del poder.
La segunda búsqueda es la de Herodes y los suyos. Ante la noticia que traen los extranjeros reaccionan con suspicacia, activando los mecanismos de la muerte. Desde el poder, miran con sospecha la sabiduría que les ha traído hasta allí. Utilizan la sabiduría de la Escritura y sus teologías para buscar la muerte y justificar su propio lugar. Su búsqueda es la de no querer buscar.
Hay una última búsqueda, que es, tal vez, la más importante: Dios también busca, y una vez más, sus formas nos sorprenden. El relato de Mateo nos vuelve a recordar que Dios es mucho más grande que nuestras lógicas, sobre todo cuando tienen que ver con oficialidades, palacios y teologías demasiado claras. Dios viene con los de lejos, aquellos que le descubren entre sabidurías que desconocemos y estrellas que brillan de otra manera. En otros lenguajes y otras sensibilidades Dios también se respira.
Jesús y su buena noticia son un regalo para toda la humanidad. Sobre todo, para los que se atreven a vivir como buscadores, llegando y saliendo, en la aventura de dejarse conmover por la vida y por cómo Dios se dice en ella. Para ello es necesario atreverse a vivir desde la lucidez del corazón. En esta lucidez es dónde todas y todos podemos encontrarnos y hablar el mismo lenguaje.
Que la fiesta de la Epifanía avive nuestras búsquedas y, sobre todo, nos permita sentirnos hermanados en ellas, ya que Dios mismo nos sigue buscando ¡Feliz día de reyes!
fr. Ignacio Castro Ortega op
