Opinión

Ojalá no existiera el día de la mujer

Sí. Lo pienso totalmente en serio. Es una reflexión que ronda mi cabeza hace ya bastante tiempo. Cada año me doy cuenta de que profundizo un poco más en mis argumentos, y éste no ha sido menos. Ha pasado casi ya una semana del día de la mujer y no quiero dejar de compartir algunas líneas sobre esto.

Realmente me encantaría que dejara de existir. Por favor, que no se me mal interprete, que no es que no me importe el tema ni que busque yo provocar (¿o sí?). Mi deseo no es superficial. Me encantaría que dejara de existir porque no hiciera falta tener un día específico para visibilizar a la mujer, y eso solo sucederá cuando todas las personas, independientemente de nuestro sexo seamos reconocidas y tratadas como iguales en dignidad, en derechos fundamentales y en oportunidades. Y esto, por ahora, tristemente es un horizonte que se presenta bastante lejano.

La semana pasada preguntaba a “mis adolescentes” si alguien sabía por qué la ONU en 1975 había declarado el 8 de marzo como Día de la mujer. No me sorprendió comprobar que ninguno tenía ni idea, y muchos aprovecharon la ocasión para preguntarme si soy feminista. No pude evitar preguntar de vuelta si alguno me podía decir lo que es el feminismo. Muchos lo intentaron, pero sus respuestas prefiero guardarlas en algún lugar de mi mente “de cuyo nombre no quiero acordarme” muy al estilo de El Quijote. Esto pasó con un grupo de adolescentes, pero el problema es que mucha gente (no adolescente) no tiene ni idea, ni tampoco interés por saberlo.

Llegados a este punto quiero aclarar que el feminismo no es la contraparte del machismo. De hecho, más lejos no podía estar. Me atrevo a decir que su significado lo hemos ido desvirtuando para amoldarlo a nuestros caprichos y, honestamente, ¡flaco favor! No voy a escribir aquí una lección de historia, pero si recordar que el feminismo nace durante la Revolución Francesa, cuando grupos de mujeres comienzan a reivindicar que no les fuera negada “la ciudadanía”. No ser ciudadanas implicaba no tener derecho a la educación, ni a los derechos matrimoniales, ni ejercer una profesión “que no fuera para mujeres”, ni terminar con situaciones de violencia o malos tratos, ni…… y a partir de aquí los hitos se han ido sucediendo.

Así que, si he de decir si soy feminista o no desde los planteamientos de los orígenes, diría que sí, y también creo que puedo decir que son feministas las mujeres más importantes de mi vida: mi madre, mis abuelas, mis tías, aunque no se si ellas lo dirían de manera tan tajante.

Esto es precisamente lo que se busca visibilizar el día de la mujer: la necesidad de seguir luchando por la igualdad en el acceso a la educación, a la sanidad, a la vivienda, a los puestos de trabajo, a tener voz propia, a tener derecho a elegir sobre nuestro propio estado de vida, a participar en las decisiones familiares y sociales, al derecho a la propiedad, a poder tramitar nuestro propio pasaporte, a tener derecho de movilidad geográfica, tener derecho a conducir, ….. y tantos muchos más que me quedan aquí por listar.

A veces me planteo que desde nuestro privilegiado “primer mundo” no le encontramos el sentido y creemos que todo se reduce a una manifestación en la que, ¡encima!, se mezclan intereses políticos, vandalismo y (a veces) violencia. Pero no vemos un poco más allá, y no somos conscientes de que esta manifestación es una manera (de entre muchas que hay) de ser altavoz de aquellas mujeres que no tienen voz. De todas esas mujeres que viven en países en donde no se les reconocen sus derechos fundamentales, en donde ser mujer equivale a ser un objeto de compra – venta.

Aquí la igualdad no es una cuestión de cuotas sino de acceso a oportunidades. De que todas las personas podamos jugar al “juego de la vida” con las mismas reglas, y para esto, muy tristemente, creo que nos queda un muy largo recorrido.

Y es desde aquí que muy profundamente deseo que en algún momento deje de ser necesario tener un día de la mujer, porque no haga falta reivindicarlo, porque se hayan convertido en día de la mujer todos los días del año. Sería bonito, ¿no?

Mónica Marco