Como el otoño
Ya ha comenzando oficialmente el otoño, y con él los cambios de tiempo y la inestabilidad. El clima se va modificando y los días se acortan. Los días de calor, salidas, vacaciones se cambian por días más frescos, de poco a poco retomar el ritmo de la rutina.
Estos cambios de tiempo nos siguen dando días calurosos y soleados, donde parece que el verano no quiere acabar, otros en los que la tormenta y la lluvia nos ponen en nuestro sitio, y nos muestran que el control solo está arriba, pero con un buen paraguas y útiles impermeables nos podemos proteger. El frio va acercándose, pero en ocasiones es un frescor mañanero que nos permite que el cuerpo se vaya aclimatando a lo que vendrá. Con estos cambios de tiempo una no sabe que ponerse, y hasta el cuerpo no sabe a qué se tiene que enfrentar.
El Señor una vez más nos pone a la naturaleza como ejemplo. Nosotros, como unos más de su creación, pasamos por momentos de cambio en nuestra vida, situaciones inesperadas a las que adaptarse, y otras que tras un tiempo de preparación, llegan. Por lo que hay momentos en los que nos podemos encontrar en el inicio de un otoño inestable. Días soleados, días nublados, días de tormenta y aguacero, así nuestro estado de ánimo, en ocasiones animado, “de bajón”, frustrado, exaltado, pero el Señor nos enseñó y nos lo pone a través de la naturaleza, que la esperanza es la clave de todo proceso. Llevar un buen paraguas y la ropa adecuada nos facilitará la adaptación a los cambios. Contar con momentos de oración, tener una actitud de confianza en el Señor, contar con el hermano que está a nuestro lado, con las personas que se encuentran a nuestra disposición, permiten que nuestros cambios de estación sean enriquecedores. Así como, nos permite empatizar con los demás, y ser conscientes de que cada uno puede estar pasando por una estación y tal vez necesita de nuestro paraguas, nuestra manta o nuestro abanico para poder avanzar.
En estos últimos días de septiembre, de vuelta a la rutina, y cambios, es momento de volver a reflexionar sobre esos propósitos que teníamos en el año, meditar sobre cuáles mantener, sobre aquellos que he abandonado y quiero retomar, y en aquellos cambios qué he ido experimentando en el año, que me han enseñado cosas nuevas y me permiten reestructurar mis objetivos, qué quiero hacer por los demás y cómo quiero florecer. Agradecidos con los días de verano, es hora de prepararse poco a poco para el invierno, gracias a este otoño que comienza.
Belén Rodríguez
