La ternura espiritual de Santo Tomás de Aquino
En cierta ocasión escuché a un ponente decir que la figura y el pensamiento de Santo Tomás de Aquino son fríos, distantes e inaccesibles por su denso rigor intelectual. Y en aquel mismo instante no pude menos que dar gracias por la formación que he recibido de mis profesores. Sí, porque aquellas clases en la facultad -en las que el profesor y fraile dominico Martín Gelabert nos dio una visión viva y apasionada sobre Tomás de Aquino y su legado- nos revelaron a alguien con un corazón ardiente, profundamente humano y un teólogo de lo más accesible al trasmitir su amor por Cristo y pasión por el ser humano. Y gracias a esa formación recibida me pude percatar, también, en aquel mismo instante, de que el ponente no tenía ni idea de lo que estaba hablando sobre el Santo y Doctor de la Iglesia.
Es cierto que Santo Tomás, a priori, puede asustar un poco. Intentar abordar la Suma de Teología, por ejemplo, sin tener una noción mínima de su autor y su manera de exponer las cuestiones que en ella aborda, puede terminar en frustración, o en comentarios como el del ponente que he mencionado. Por ello, siempre es recomendable tener un primer encuentro por medio de libros biográficos que nos adentren en la vida de este titán del pensamiento teológico cristiano. A este respecto, siempre me gusta recomendar el agradable e ingenioso libro que Chesterton escribió sobre Santo Tomás. Pero si lo que se quiere es descubrir su faceta como puente entre razón y fe, el dominico Sixto Castro tiene una obra fundamental a este respecto: La lógica de la creencia. Una filosofía (tomista) de la religión (Ed. San Esteban, Salamanca, 2012). En este libro se podrá descubrir que Santo Tomás sostiene que creer no consiste en acumular datos sobre Dios, sino, más bien, se trata de integrarse en una manera de vivir y sentir el mundo. Por otro lado, si lo que se busca es profundizar en su rica vida interior de oración y mística, el dominico Paul Murray tiene un libro fascinante: Tomás de Aquino orante. Biblia, poesía y mística (Ed. San Esteban, Salamanca, 2015). En las páginas del libro nos presenta, con rigor y sensibilidad, que el pensamiento de Santo Tomás no es un frío mapa intelectual, sino el resultado de un diálogo íntimo con Dios. Por ello, lo que podemos descubrir es a un Tomás de Aquino que actúa como verdadero guía espiritual. Hace unos meses ha salido un nuevo libro sobre el Aquinate: Espiritualidad debajo de la teología. En la Suma Teológica de santo Tomás de Aquino (Ed. San Pablo, Madrid, 2025). Su autor es el también dominico Felicísimo Martínez. En esta nueva obra lo que Felicísimo quiere enfatizar es que, en Tomás de Aquino, espiritualidad y teología no son realidades separadas ni mucho menos enfrentadas, sino dimensiones complementarias que dan forma a una única vivencia de la fe.
A lo largo de sus once capítulos y 352 páginas, Felicísimo ha plasmado el libro que, como él mismo me comentó en una conversación que mantuvimos, siempre había soñado con escribir. Y siendo sinceros, si yo algún día pudiera impartir una asignatura donde propusiera este libro como manual, en el examen final entraría solo la introducción. ¿Por qué? Pues porque el 75% del libro -dicho por el mismo autor- son citas literales de Santo Tomás (cfr. p.9). Porque no se trata de una visión personal del autor sobre el Aquinate, sino de «exponer lo que Santo Tomás entiende por espiritualidad» (p. 9). Por ello, podríamos ver este libro como un manual de vida interior dictado por el propio santo donde Felicísimo actúa, podríamos decir, como el guía que nos va dando las pautas necesarias para que descubramos tesoros que, quizá, de otra forma, seguramente quedarían ocultos bajo la supuesta y aparente complejidad de la Suma.
Si nos centramos un poquito en la introducción del libro -que, como he dicho, bien podría ser materia de examen-, esta destaca por un enfoque tan original como directo. Felicísimo la articula en torno a cinco cuestiones que marcan, a mi parecer, la hoja de ruta de la obra: ¿Hay espiritualidad en la Suma teológica de Santo Tomás? ¿Un tratado específico de espiritualidad? ¿Se habla en la Suma de teología de espiritualidad? Espiritualidad o vida espiritual ¿Un tratado de espiritualidad en la Suma de teología? Felicísimo responde a cada interrogante con un lenguaje tan fluido y sencillo que convierte la lectura en un verdadero aprendizaje de lo más placentero. En este proceso, descubrimos a un Tomás de Aquino que nos ha legado una profundidad mística sobrecogedora. Resulta revelador que la lección suprema del Aquinate fuera su silencio contemplativo y orante hasta el final de sus días, consecuencia de una revelación (p. 12); que todo el esquema teológico de la Suma no solo se refiera a la espiritualidad, sino que la clarifique (p. 15); y que Jesucristo sea el referente último, al encarnar la espiritualidad perfecta (pp. 19-20). Al final, expresiones como «vida en el espíritu» o «vida de la gracia» nos demuestran que la espiritualidad ilumina cada reflexión del santo (p. 24) y que, en realidad, todos los tratados de la Suma forman un solo tratado sobre la espiritualidad cristiana (p. 27).
Mucho más se podría decir del libro de Felicísimo. Pero lo dejamos para otra ocasión. Solo concluir diciendo que cuando queramos acercarnos a Santo Tomás, a su figura, a sus obras, a todo el legado que nos ha dejado, ese acercamiento ha de ser desde la ternura. Porque solo así, despojados de todos los prejuicios -no como el ponente del que hablaba al comienzo-, sentiremos el latido espiritual que vibra bajo el rigor de sus textos. «Espiritualidad debajo de la teología. En la Suma teológica de santo Tomás de Aquino» no debería verse solo como el título de un nuevo libro; es la invitación de su autor, Felicísimo Martínez, a descubrir que, tras la arquitectura de piedra de los cálculos mentales, late un corazón de carne. Por ello, este libro puede ser un buen comienzo para comprender que Santo Tomás nunca escribió con tinta fría, sino con la luz de quien se había adentrado a contemplar el Misterio. Así pues, esta obra nos recuerda que la figura más grande que ha dado la Orden de Predicadores en sus ocho siglos de historia sigue hoy más viva que nunca. ¿Que por qué digo esto? Pues porque continúa susurrando verdades que van directamente a lo más profundo de nuestras entrañas.
Fr. Ángel Fariña, OP

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