Religión

Santo Tomás: razón y mística

El día 28 de este mes de enero, la Iglesia celebra la fiesta de Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, patrón de las universidades, los estudiantes y profesores, “el más santo de los sabios, y el más sabio de los santos”, como le llamó Pío XI. Uno de los dominicos más conocidos de la historia de la Orden de Predicadores.

Del Aquinate siempre se ha señalado su condición de sabio e intelectual, su papel en la conciliador entre fe y razón con lo que significó su labor de aunar filosofía y teología, su autoría de la Summa Theologica y la Summa contra Gentiles, su misión docente en la Universidad de París, las cinco vías de la demostración de la existencia de Dios, su servicio teológico al papado, especialmente en el diálogo con la Iglesia oriental, su papel de comentador de la obra aristotélica, el armonizador de las doctrinas de la naturaleza y la gracia, el que reflexionó sobre el fin de la felicidad de las personas y las sociedades que ha de perseguir la política, etc., etc.

Y con mucha razón. Parece que hay una permanente actualidad del pensamiento de santo Tomás de Aquino por esa capacidad de inspirar el diálogo entre fe y razón. También actualmente en el mundo contemporáneo. Y es que, como recuerda GK Chesterton en la obra que escribió sobre el Aquinate, cada época suele tener un santo que la contrasta, un santo al que mirar no porque se sienta reconocido sociológicamente en él, sino por todo lo contrario. Porque le señala las vías equivocadas que recorre. 

Algo así debe ser este revival tomista que parece vivirse en la actualidad con congresos, publicaciones, libros, profesores y artículos. En medio de un mundo profundamente irracional por emotivo, subjetivo, caprichoso, voluble y emocional, santo Tomás, el santo de la razón, tiene mucho que recordarnos.

Pero ciertamente quizás esa dimensión académica y de la razón ha opacado algo otra de las más fundamentales identidades de santo Tomás. Como no podía ser de otro modo en un fraile y santo: su dimensión mística y espiritual. 

El Aquinate profesor ha escondido al Aquinate espiritual: al autor del oficio litúrgico del Corpus Christie, al poeta del Lauda Sion y del Pange Lingua, al teólogo apofático, al santo caritativo, itinerante y predicador, al fraile pobre y contemplativo.

Y sobre todo al místico que al final de su vida logró atisbar, en una experiencia para la que el autor de tantas obras se quedó sin palabras, la misma gloria de Dios, lo que le llevó a decir que ante lo visto, todo lo dicho sobre Dios le parecía nada…y que nada más que a Él quería como paga de su obra.

Fray Vicente Niño, OP