Opinión

La capacidad de sorprendernos

Un sonido, un aroma, una mirada, un paisaje, una canción, un rostro, un recuerdo… Oh!, una sorpresa, a veces estamos tan ensimismados en nuestras cosas que nos perdemos muchas situaciones o cosas que nos despertarían el corazón, que nos harían salir de una rutina aburrida y nos llevarían a vivir de otra manera, aunque fuera por unos instantes.

Probablemente todos los días hacemos el mismo recorrido para ir a trabajar o a clase, o a caminar sin más, es bastante seguro que como ya lo conocemos todo vamos de forma autómata y no nos fijamos la decoración que se ha puesto en la calle, los árboles que han perdido sus hojas porque estamos en invierno, que hay vecinos nuevos en el barrio, que un niño que va en carrito te ha saludado, al igual que a todos los que se cruza, que hoy el sol brilla con fuerza aunque no calienta demasiado, que los cristales de los coches están helados porque anoche bajó mucho la temperatura… tantas y tantas cosas.

Descubrir todas esas cosas nos hace ir incorporando a nuestra vida o rememorando algo ya vivido, pero nos hace ir despiertos, nos hace ir atentos y dejarnos sorprender. Con bastante seguridad, cada una de esas percepciones ha cambiado la expresión de la cara, en algunas de ellas has puesto una sonrisa sin querer, has llenado tus ojos de agua que quiere salir porque ha venido a tu memoria algún recuerdo que te ha movido el corazón de otra manera.

Debemos ser capaces de sorprendernos, de descubrir qué regalo nos trae cada día, cada paso, algo que nos puede hacer cambiar el paso, que nos puede transformar el rostro y nos puede llevar a ayudar a otros el suyo, gracias a nuestra sonrisa, a nuestra mirada cálida.

Busquemos con qué sorprendernos y con qué sorprender a otros, dar razones para que este tiempo de espera y esperanza sea una sorpresa continua, llena de rostros, momentos, imágenes, sonidos, olores, encuentros, silencios… todo aquello que nos lleve a descubrir lo importante de saborear cada instante.

No dejemos de escuchar la voz de otros, el canto de los pájaros, incluso el ruido de los coches, o descubrir que, a pesar, de estar en una calle llena de gente, se puede escuchar un silencio sereno, eso también nos llega a sorprender.

Feliz sorpresa.

Macu Becerra. DMSF