Opinión

Razones para…

Un autor que siempre me gusta releer y, además, con auténtica fruición, es José Luis Martín Descalzo. En la editorial Sígueme está publicado ‘RAZONES’, cinco libros suyos juntados en un tomo: Razones para la esperanza, Razones para la alegría, Razones para el amor, Razones para vivir y Razones desde la otra orilla. Cuando en una entrevista le preguntaron porqué escribía, dijo: “escribo para comunicarme, para ganar amigos, para amar y ser amado. Y me gusta que mis libros sean una hoguera en la que otros vienen a calentarse dentro de un mundo frío. Desde esta amistad, estrecho tu mano, lector”.

Qué duda cabe que a finales de este año 2022 necesitamos, no sé si más que nunca, pero sí, tanto como siempre, una hoguera en la que calentarnos dentro de este mundo frío. Porque nuestro mundo es un lugar frío e inhóspito para muchísimos seres humanos.

Por eso necesitamos personas que con su vivir aporten calidez y calidad, ternura, compasión y coraje; hombres y mujeres rebeldes, pero de verdad y en la verdad. En palabras de Martín Descalzo; “Crear y curar, esa es la verdadera rebeldía. Destruir el mundo, arrasar con lo que no nos gusta, gritar contra el mal, eso es cosa de niños, como tirar castillos de arena en la playa. Las rebeldías que el mundo necesita son las que crean, curan, ayudan, alivian, mejoran, alimentan a la humanidad. Los demás, los que son agudos sólo criticando y destruyendo, son simples rebeldes de pacotilla”. Lo decía nuestro hermano Tomás de Aquino: es mas importante alumbrar que brillar.

No está de más, ahora que termina el año y empieza el siguiente, preguntarnos qué razones nos quedan, en medio de tanta ‘sinrazón’, para la esperanza, para la alegría, para el amor, para vivir (no sólo existir) y para creer (que lo mejor siempre está por llegar).

En medio del dolor y la oscuridad, de las guerras y el hambre, de tantas vidas rotas, de situaciones personales dolorosas… ¿hay alguna razón para confiar?

Escribo en momentos en que la respuesta no me resulta fácil ni evidente; tampoco fluye con suavidad reconfortante, porque se supone que es lo que uno debe decir. La noche persiste y la aurora se hace esquiva. No siempre la fe es un bálsamo. Creer -querer-, a veces, duele. “No hay que tenerle miedo al dolor, -dice Martín Descalzo- lo mismo que no hay que tenerle miedo a la noche. Sabemos que el Sol sigue existiendo, aunque no lo veamos. Sabemos que volverá. Dios no desaparece cuando sufrimos. Está ahí de otro modo, como está el Sol cuando se ha ido de nuestros ojos (…) es durante la noche cuando resulta mas hermoso creer en la luz (…) y es durante la adversidad cuando más hermoso resulta creer en el amor”. Creer es, también, querer creer, aunque duela.

Hay una razón posible y suficiente para creer en la Luz en medio de la oscuridad y en el Amor en medio del dolor: se llama Jesucristo, y en él, Dios se hizo humano y lo humano se aproximo a lo divino. De Él vengo y todo ha de conducirme de nuevo a Él, incluso cuando escasea la luz en el camino. ¡Quiero creer! pero hay días y noches…  “¡Es tan sencillo, tan fácil y agradable entregarse en las manos de la derrota! ¡Tan duro, en cambio, atreverse a ser lo que se es y a creer lo que se cree…!”.

Jesucristo nos invita a ser lo que realmente somos, aunque el precio es alto -¿verdad, amiga mía; tú bien lo sabes-; nos invita a creer que otro mundo es posible y que yo, tú, nosotros, más allá de nuestras fragilidades, incoherencias, miserias, traiciones, dudas, estamos llamados a la plenitud. Que tú, yo, nosotros, somos seres creados para la esperanza, la alegría, el amor, la vida y la fe.

Redescubro, como si fuese la primera vez, que Dios se me regala cada día y todos los días en la amistad de seres bondadosos, aunque, frecuentemente, estoy demasiado lleno de mí, de mis dolores y miedos, y no sé ver ni sentir ni agradecer. Hay muchas personas que esperan que alguien les guíe y sostenga y se olvidan de amar. Esperan un tesoro y malgastan su verdadera herencia: amar y ser amados. ¡Qué razón tiene el maestro José Luis! Como dice mi querida amiga, ésta es la Razón última y primera de nuestra vida, pues ser para ser feliz es en realidad muy poca cosa. Pero SER para ser útil se aproxima a la plenitud, aunque duela, pues entonces se nos dará, por añadidura, ser verdaderamente felices.

Ricardo Aguadé, OP