Nos visitará el sol que nace de lo alto
Nos visitará el sol que nace de lo alto, y entonces verás la luz que hoy no puedes ver. Y esta luz te ayudará a clarificar los recónditos y las oscuridades de tu corazón, y también los afanes y los tesoros más puros. Porque a su a su imagen y semejanza fuimos creados. Aunque ahora vemos como en espejo, según San Pablo, la esperanza (Spe salvi) nos abre ya a esa iluminación.
Como filones que de repente desgarran las nubes y descosen las lluvias, en este lugar de Africa, me venían a la mente tales reflexiones releyendo el librito del dominico francés padre Perrin, El evangelio del amor hoy (1981). Por ser un libro de hace más de 40 años no deja de ser actualísimo.
Siempre me ha impresionado la luz y la transparencia de su mensaje, más aún teniendo en cuenta que este dominico se volvió ciego por una enfermedad hereditaria desde una edad temprana, a los 11 años. Esto no le impidió volver su mirada a la luz interior, a la fuente de toda luz, mirada de amor, pues estaba convencido de que “su mirada (la De Dios) resplandeciendo en tu propia conciencia, te impulsará a ser auténtico, como hijo de la luz”. Dios es amor, y “el mirar De Dios es amar” nos recuerda san Juan de la Cruz.
Así desde su ceguera física, por la atención de los ojos del corazón, él cultivó ese modo de habitar y permanecer en el Amor al que nos invita el evangelio de Juan, y fue luz y esperanza para muchos en los tiempos difíciles de la segunda guerra en Europa y de la ocupación alemana en Francia. Quiero destacar particularmente en estas líneas, el importante papel que desempeñó en la guía y conversión de la gran filósofa Simone Weil, quien lo conoce tres años antes de morir. Ella en su esforzada búsqueda de la verdad, se acercará al cristianismo, y es bajo la orientación del dominico como irá descubriendo poco a poco, con sus contradicciones, luchas intelectuales, y no pocas resistencias, “esa vigilancia a la que nada puede escapar, pues nos envuelve ya que Cristo está vivo, ocupado de nosotros en su gloria”.
El dominico pondrá a la joven filósofa en contacto con otro pensador francés, Gustav Thibon, que la permitirá trabajar en sus viñedos y así fortalecer y serenar el espíritu un tanto angustiado por las indagaciones filosóficas, y los debates entre razón y fe. Entre los tres se fraguará una profunda amistad, que ha permitido que los escritos de Simone Weil, anotados a vuela pluma entre el trabajo en el campo y la fábrica, la docencia en el sur de Francia en una zona desfavorecida, así como su activismo social y político, pudieran ser recogidos, ordenandos y transmitidos a la posteridad.
Nos visitará el sol que nace de lo alto, repetimos cada día en la oración de laudes, y así en este tiempo de adviento y mi primera navidad en Malabo, en la misión de los dominicos, esta promesa se hace tan evidente, que se torna acción de gracias por tanto vivido aquí, por tanto recibido y también cuestionado y vuelto a construir, bajo este fuego de Africa. Constatando con Perrin que la “ Iglesia es un Pentecostés permanente que te invita a vivir toda tu vida cotidiana en estado de apertura, de oración confiada y deseo… “ , tal y como la filósofa francesa va construyendo junto a él la pedagogía de la atención, clave en la educación de los jóvenes y adolescentes.
“Sea en la liturgia, en la predicación, en las reuniones, en la lectura o en la reflexión, has de tener la misma atencion, y el mismo cuidado, es así como llegarás a ser de verdad hijo de la luz”, y verás la luz que hoy no puedes ver.
Que estas líneas alumbren nuestra Navidad, a veces tan descreída y distraída, que parece no supiéramos lo que en realidad celebramos.
Sagrario Rollán
