Opinión

Lo que no se puede decir

El otro día rescataba de mis notas de móvil un breve escrito que hice hace unos años. Cuando salgo fuera de España y conozco otras realidades, me gusta escribir a modo diario los aprendizajes y vivencias que tengo, para que no se me escape ningún detalle y así también compartirlas con mis seres queridos. Y ahora poder seguir reflexionando. Ese verano recuerdo que en mi último día, estando ya de vuelta en España, escribí: “Día 37. Lo que no se pudo decir”. Y comenzaba así:

Desde pequeños nos enseñan a que el pobre es aquel que no tiene. Generalmente, el que no tiene comida, quién no tiene un hogar en condiciones para vivir, cuya ropa está sucia, rota, zarrapastrosa, que no tiene recursos materiales. Pero, ¿qué ocurre cuando vives en un país que te controla tanto que no tienes derecho a la libertad, donde no existe libertad de elección, de opinión, de expresión, de crecer profesionalmente, de hacer realidad tus propios sueños, de tener aspiraciones, de poder salir y conocer otro mundo? Eso también es pobreza.

Escribía esto porque era algo que había visto y sentido, en pleno siglo XXI. Una de las peores sensaciones que tuve fue el no poder hablar u opinar de forma respetuosa, pero natural. Se controlaba mucho lo que se decía por miedo a salirte de un discurso oficial, pudiendo tener consecuencias tan negativas como el ir a la cárcel. Me producía frustración ver que la gente no se podía expresar libremente y que todo lo que yo veía, no era la imagen que solía llegar a España de dicho país. Los medios de comunicación oficiales, radio, periódico y televisión seguían un mensaje idéntico, un mismo discurso sin cambio alguno, ni visión diferente. Me hacia consciente del valor que tiene nuestra forma de pensar y nuestras palabras, siendo en ese país, como en tantos otros, un medio para el empobrecimiento. Un único pensamiento se imponía a miles de personas, sin opción a debate ni disconformidad ante las realidades que se vivían.

El problema de todo esto, es que a día de hoy siguen existiendo millones de personas en el mundo que viven esa situación, que no son libres, pero actualmente no hay ni una sola lucha, ni una preocupación mundial, ni una imagen en la televisión, ni una imagen en redes sociales que se haga viral que lo exprese. A veces me da miedo, y no quiero ser pesimista, ver como aquí también nos está llegando. Hay una dirección sobre lo que tenemos que pensar y, menos libertad para expresar, habiendo un posterior juicio. Todo ello de forma muy sutil. Es fácil, los discursos ya vienen dados y solo te toca “posicionarte”. Es extraño presenciar buenos debates y conversaciones con diferentes ideas en búsqueda del bien común. Las horas para pensar, hacer cuestiones, escuchar diversas opiniones, respetar al otro buscando puntos en los que estar de acuerdo, brillan por su ausencia.

Por eso de que no quiero tener una visión negativa y, quiero seguir con la idea que reflexionaba fray Vicente aquí de hacer frente a la desesperanza, quiero poner de ejemplo y agradecer, a todos esos hermanos que luchan cada día por su libertad y la de sus paisanos, que son rebeldes hablando y expresando lo que está oculto, que son inconformistas y toman sus propias decisiones, que han arriesgado su vida por buscar la libertad, que enseñan que conseguir los sueños puede ser posible después de mucho trabajo y sacrificio, que valoran tener diferentes opciones como un regalo y que sus testimonios son voces únicas que pueden producir grandes cambios, y se convierten en mensajes de esperanza. Que sus voces nos lleguen y nos unamos a ellos en la lucha por la libertad.

El espíritu del Señor Dios está en mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres, a curar los corazones oprimidos, a anunciar la libertad a los cautivos, la liberación a los presos. Isaías, 61

(P.D. Como puedes comprobar después de haber leído este escrito, los nombres de los países no quedan reflejados por protección a sus ciudadanos, a este medio y a una servidora, confirmando una vez más que queda mucho por hacer en cuestión de libertad de expresión.)

Belén Rodríguez