Opinión

La paciencia es el ahora

Pues hoy vengo a hablar de la paciencia y, aviso, desde la necesidad más que desde la experiencia.

La paciencia hace falta para pasar los malos momentos, pero también los buenos. Habrá gente que no entienda esto. Los nervios con piernas que leáis esto sabéis de lo que hablo.

Cuando, de niña, íbamos a viajar en familia, mis padres lo mantenían en secreto hasta el último momento para que no me diera fiebre de la emoción por la mera anticipación.

A eso le sumamos que mi generación ha sufrido el aprendizaje de que todo puede ser inmediato. Puedo tener cualquier cosa para ya. No necesito tener paciencia.

Y ahora embarazada… nueve meses de espera para una impaciente se hacen muy largos, máxime cuando realmente son diez meses, cuarenta y pico eternas semanas. Y me dirás que disfrute del proceso, y te diré que esa precisamente es la gran pena de los impacientes. Nos perdemos el presente.

¿Y en lo que toca el ser cristiano?

De las cosas más bonitas en mi vida han requerido paciencia. Que no es que de mí salga natural, es que de vez en cuando la pido al Señor y me la concede, si puede ser con algún giro de guion inesperado, mejor.

– Las mejores consultas con un paciente.

– Sacar una oposición.

– Organizar nuestra boda.

– Crear lazos profundos de fraternidad.

– Viajar Madrid-Barcelona para ver a mi familia.

– La vida en matrimonio.

– Ser madre.

Paciencia, paciencia, paciencia.

¿Y por qué esforzarse para tener esa paciencia? Porque vale la pena aguantar los nervios del presente para esperar lo que vendrá. No es que sepa seguro que el futuro es bueno, es que confío en Él y en lo que tiene reservado. Así que hago respiraciones profundas o directamente sufro mis nervios, pero con la esperanza puesta en el futuro.

Por un lado, la paciencia es la que te ayuda a superar los malos momentos. Esos en que las cosas no salen bien ni a la primera ni a la enésima. Piensa en la de cosas que te hubieras perdido por tirar la toalla antes de tiempo.

Por otro lado, es imprescindible la paciencia para cuidar a las personas. Hay gente que te saca de quicio pero también muchas ocasiones en las que la impaciencia te empuja a pensar que tu tiempo es más valioso que la persona que tienes delante. Error. Poner empeño en tener paciencia con las personas que se cruzan en tu camino tiene una productividad incalculable.

Y luego está la paciencia que te permite estar presente. Los ansiosos vivimos de cara al futuro. Nada como pedir paz para disfrutar el aquí y ahora. Es una de esas oraciones en las que me he sentido escuchada, afortunadamente, muchas veces.

Para terminar, una cita archiconocida de Corintios «el amor es paciente». Seguro que te la han explicado en alguna boda, así que no tengo más que añadir.

Míriam Simón