Opinión

Cuestión de perspectiva

Imagino que la mayor parte de nosotros, haciendo alarde de un poco de ironía y de buen humor, podríamos decir que somos ya unos veteranos, de probada experiencia, en esto de celebrar las fiestas, disfrutar los encuentros (y de unos cuantos excesos), para luego terminar diciendo lo mucho que nos cuesta la “vuelta a la realidad” o la “vuelta a la normalidad”.

                En este tiempo, hay mil cosas que vienen a mi mente en tándem: nos alegramos por un nuevo año y nos lamentamos por volver al trabajo; celebramos las fiestas por todo lo alto y nos lamentamos de esas cuentas por pagar; disfrutamos de comida en comida y de cena en cena y nos lamentamos de algún kilito de más; nos llena de alegría el reencuentro con familia y amigos y nos lamentamos de que haya sido corto; ansiamos la llegada de unas vacaciones (quienes las hayamos podido disfrutar) y desperdiciamos los últimos días lamentándonos de que casi se terminan…. Creo que la idea está clara. Parece que muchos de nuestros discursos en esta época del año van entretejidos entre alegría y lamento, y muchas veces lo veo como una paradoja digna de estudio. ¿Vivimos del lado de la alegría o del lamento? Si esto lo hacemos con las cosas más triviales, ¿qué hacemos con las importantes, serias y decisivas?

                Mientras estos pensamientos rondaban por mi mente, encontré, o más bien me reencontré con un pequeño texto que desde hace muchos (pero muchos) años vuelve a “ponerse a tiro” en momentos que resultan ser de lo más oportunos. Invito al lector a leerlo con detenimiento haciendo un pequeño esfuerzo en dos vías: primero, no desistir si parece no entender nada; segundo, verá que no tiene signos de puntuación alguna, por favor, tómese un poco de tiempo para imaginar en donde han de ir los puntos y las comas y verá como el texto se saborea.

TODO DEPENDE DE CÓMO LO QUIERAS VER

Hoy es un día de mierda

así que no me digas que

cada día hay algún motivo para ser feliz

porque si te das cuenta

la vida es insoportable

a pesar de que

a veces hay momentos de felicidad

la alegría no suele durar mucho

y no es verdad que

todo depende de nuestras ganas

porque

el amor verdadero existe solo a veces

y tú también lo sabes

todo es cuestión de suerte

y por eso nunca podré pensar que

la vida merece la pena

(ahora léalo al revés, desde la última línea a la primera, recolocando puntos y comas)

                ¿A que todo es cuestión de perspectiva? No se si alguna vez ir de arriba a abajo, o de abajo a arriba había marcado una diferencia tan importante.

                Pues esto mismo es lo que quisiera ver, vivir, compartir este año nuevo: que todo depende de cómo lo queramos ver, pero sin duda alguna, la vida merece la pena y cada día hay algún motivo para ser feliz a pesar de los sinsabores que puedan presentarse en nuestra vida.

                Quedémonos del lado de la alegría, de las oportunidades, y, por qué no, reivindiquemos el leer de abajo hacia arriba la vida cuando parezca que la balanza de nuestro discurso vuelve a estar entretejida entre la alegría y el lamento, porque… todo depende de cómo lo queramos ver.

Mónica Marco, CSD