Amnesia Navideña
Vivimos en una sociedad secularizada, donde la religión no tiene un lugar importante, se supone, pero… ¿qué sería de nosotros sin la navidad, sin la semana santa, sin las cofradías, sin las hermandades, sin las vacaciones y sus comidas de empresa, sin el amigo invisible, sin los regalos de Papá Noel ni de los Reyes Magos, sin ese descanso del día del Pilar, de la Inmaculada (sin ella poco puente tendríamos), sin las patronas y patronos de todas las ciudades, sin todas esas fiestas a lo largo del año que nos permiten tener un día de descanso en medio del ajetreo diario y cotidiano?
Eso sí, parece que celebramos el cumpleaños de Papá Noel, que bien podría ser el día del trabajador, porque mira que le damos tareas a este señor durante todo el año para que en una noche se cuele por chimeneas imaginarias (en algunos lugares) y nos llene el salón de regalos, por no hablar de todos los que hacen su papel durante estos días.
Tras este comienzo irónico de esta reflexión me gustaría que tuviéramos en cuenta que no habría Navidad sin Dios, sin su Hijo, las fiestas que celebramos no tendrían ningún sentido. Me parecería muy bien si aquellos que hablan de sociedad secularizada tuvieran días de descanso en su trabajo pero, no aprovecharan la celebración tan importante de la Navidad para ganarse el aprecio de algunos a base de regalos caros y a veces innecesarios. Para eso pueden usar los cumpleaños. No deberían olvidar que Papá Noel también es un personaje relacionado con el verdadero sentido de la Navidad: San Nicolás, el que cuidaba de los niños, un santo cristiano.
Es como si celebráramos el cumpleaños de un amigo, preparáramos una gran fiesta, y al único que no avisamos es al protagonista de la fiesta. Pero sin el como, porque en realidad es en lo que hemos convertido la Navidad, en una fiesta de cumpleaños sin protagonista.
Hagamos cenas especiales porque se acaba el año y comienza una nueva vuelta al sol, porque estamos contentos de tener una familia, porque los amigos son importantes en nuestra vida, preparemos ricos manjares y comprémonos trajes bonitos, y tengamos el sorteo del gordo de fin de año, pero no convirtamos la Navidad en un circo que nos viene bien a todos en una época del año si no vamos a celebrar lo que realmente supone la Navidad, la celebración del nacimiento de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, en medio de nuestro mundo para recordarnos que el amor es lo más importante.
Comienza el Adviento y es ese tiempo para ir preparándonos para esta fiesta, es cierto que los adornos nos lo van recordando, pero demos un paso más y retomemos, si estamos convencidos de lo que queremos celebrar, el verdadero sentido de la Navidad.
Macu Becerra, DMSF
