Predicocinando con Fray Marcos
Uno de los programas más vistos de la televisión y ya en su undécima edición, hacia este año visible a un concursante muy especial. Para el programa, y para muchos, cristianos y no cristianos, ese concursante era un Fraile Dominico que con su hábito blanco salía de su convento para ponerse un delantal y colocarse detrás de las cámaras y los fogones. Pero Fray Marcos, el sacerdote en cuestión, dejo claro quién era el protagonista en el talent de cocina de la televisión pública, Dios.
Una vez pasadas las pruebas como cualquier concursante, Fray Marcos entraba en las cocinas de MasterChef. Uno de los grandes chef y jurado del programa daba paso el primer día al fraile para que bendijera las cocinas y el inicio del programa. Mientras el Pater bendecía, cada concursante se santiguaba y todos tuvieron su tiempo de silencio. Dios se hacía visible, no solo “entre pucheros estaba el Señor” en ese momento, sino en un gran grupo de concursantes, creyentes y no creyentes y, en la casa de tantos españoles.
En cada programa, Fray Marcos con sus platos y su forma de estar fue dejado el sabor de Dios. “Aquí estoy Señor” decía en el primero de sus platos. Rodeado de polémica al principio y con el posible prejuicio que pudiera existir sobre él, Fray (como lo llamaban cariñosamente sus compañeros) se dejaba actuar por medio de Dios en la cocina y en el trato con los demás, con la clara misión de dar a conocer a Dios en lo sencillo, predicocinando.
Los días pasaban y tras esas “¡Bendiciones!” diarias que daba cada vez que empezaba el concurso y que muchos de sus compañeros se sorprendían, fueron descubriendo a la persona que había detrás del hábito. Sus compañeros destacaban su forma de ser: la alegría, el no juzgar, escuchar, acompañar, su cercanía, su naturalidad, su espiritualidad, su compañerismo, su humildad, su don de palabra y su coherencia.
Tras uno de sus últimos platos, con el nombre “Sin caer en la tentación”, pero contando con “el pin de la inmunidad”, símbolo que ganó y que podía utilizar para no irse del programa, fue seleccionado para abandonar programa. Fray podía haber hecho uso de la ventaja de la inmunidad, sin embargo, con coherencia y con su misión hecha en el programa, dejó con humildad el programa con un simple y gran: GRACIAS.
El sabor más rico que había dejado en el programa tal vez no era el de sus platos, que también, sino un agradable sabor que se impregnaba en la vida de sus compañeros, de los chefs profesionales y de los trabajadores del programa, el de la presencia de Dios. Y como decía uno de los chefs “ha sido como un soplo de aire fresco, lleno de valores”.
La imagen que nosotros damos al mundo y el ejemplo con nuestra forma de actuar y comunicar es lo que nos determina. Dejarnos actuar por Dios, siendo meros intermediarios en la sociedad que nos ha tocado vivir, nos permitirá ir descubriendo cuál es nuestra vocación y permitir que otros tengan la oportunidad de conocer a Dios. A Fray Marcos le dijeron que era un Fraile del S. XXI, ¿somos nosotros cristianos del S. XXI?, ¿damos testimonio de Dios en nuestro día a día, con agradecimiento, humildad y cercanía a cualquier hermano, sea cuál sea su condición? Que sepamos preparar ese plato de “!Aquí estoy Señor! para dar a probar a los demás ese agradable sabor a Dios.
Belén Rodríguez Román
