Territorio de misión
Hace poco surgió en una conversación el tema de la misión. Fue muy casual, pero me encanta siempre que sale el tema. Primero porque es un “tema resorte” que hace que se me cambie la cara, que la sonrisa salga en todo su esplendor y sobre todo me hace perder la noción del tiempo. También porque es un tema que, al compartir, aporta mucha riqueza, diversidad cultural, y experiencias de vida. Así que en ese momento me pareció de lo más interesante.
Como casi siempre, empezamos hablando sobre los lugares en los que hemos estado haciendo alguna experiencia misionera, sobre el vivir en una cultura distinta a la tuya, la forma de vida, etc. Hasta ahí, lo “normal” cuando casualmente se empieza a compartir de este tema. Pero después hubo un pequeño punto de inflexión que me ha dado bastante de qué pensar, sobre todo porque me llevó a ver de que manera tan diferente entendemos el hecho misionero en la actualidad.
La frase fue algo más o menos así: “Ahora España es territorio de misión, porque, así como antiguamente los misioneros fueron a evangelizar a otras tierras, ahora hace falta evangelizar aquí”. No pude evitar un momento de silencio como primera respuesta, y ya que mi cara sería un poema, necesitaba elegir las palabras. No me atrevo a plantear que la frase no tenga nada de verdad, pero tampoco puedo decir que como tal la aplauda o me identifique con ella. Esto me llevó a responder que lo primero que habría que hacer es ver qué entendemos por “territorio de misión” y que entendemos por “evangelizar”. Y llegados a este punto, me hubiera encantado que se hubiera abierto la puerta al debate, pero no se dio.
A pesar de que la conversación haya girado hacia otros derroteros, esta frase me quedó resonando bastante. Entendí que la misión se sigue entendiendo en dos sentidos muy diferentes. El primero, el de la persona con quien hablaba, que entiende que la misión es (siempre) irte a otro país a anunciar el Evangelio. Y yo me pregunto, ¿tu entorno próximo no puede ser territorio de misión? Y, sobre anunciar el Evangelio, en el fondo de la cuestión no puedo estar más de acuerdo, pero me pregunto ¿cómo? Si el anuncio es ir “de persona en persona” rezando el Padre Nuestro y leyendo algún pasaje de la Biblia, con todo respeto, me parece un reduccionismo importante de nuestra fe.
Ahora bien, entiendo que hay otra manera de entender la misión, y para ello voy a tomar prestadas las palabras de fr. Gerdard Timoner OP, Maestro de la Orden de Predicadores: misión no es lo que hacemos sino lo que somos. Es decir, entender la misión como una forma de estar en el mundo, un estilo de presencia, un estilo, un espíritu que impregna todo lo que haces allá en donde estés. Y, si entendemos la misión de esta manera, cualquiera que sea el lugar en donde nos encontremos podemos entenderlo como territorio de misión. Ahora bien, en cada lugar, en cada cultura, en cada momento histórico y en cada situación concreta, estamos llamados a anunciar el Evangelio. Esto también necesitamos entenderlo con mayor apertura. Se anuncia, por supuesto, a través del primer anuncio, de ese primer “contagio” de nuestra fe a quien no ha oído hablar de ella, pero también a través de todo lo que hacemos, sea en la educación, en la sanidad, en obra social, o en cualquier contexto o ámbito de trabajo. Creo que la clave es tener clara la motivación con la que hacemos las cosas y el saber encontrar el correcto equilibrio entre el estilo de presencia y el anuncio explícito.
Estas líneas no abarcan toda la profundidad del tema, tampoco lo pretenden. Lo que si busco es abrir la puerta a esta reflexión, a plantearnos y cuestionarnos. Creo que es un tema tan importante que en la forma de entenderlo nos jugamos mucho. Misión, ¿hacer o ser?; Territorio ¿es siempre un espacio físico?; territorio de misión, ¿es siempre lejos?; evangelizar ¿quién a quién?…
Mónica Marco
