Comunicación (no) verbal
Siempre he pensado que comunicarnos es fundamental. No tengo dudas de que una buena comunicación hace que nuestra vida sea mucho más sencilla, y por supuesto, nos evita muchos dolores de cabeza. Pero claro, una cosa es que sea necesaria, otra que sea sencilla, y otra que se dé en unas claves comunes.
Esto es algo que he tenido la oportunidad de poner (mucho) en valor durante los últimos meses, sobre todo porque cada vez soy más consciente del impacto tan grande que tiene la cultura en la manera en que nos comunicamos. En este sentido pienso en el uso que hacemos del lenguaje, ante tantas situaciones que – hablando el mismo idioma – resultan confusas o se malinterpretan porque las claves siguen sin ser comunes, los significados diferentes e incluso opuestos de las palabras, el uso cada vez más pobre que hacemos de nuestro(s) idioma(s) y los líos que nos montamos cuando escuchamos palabras de esas que vienen en el diccionario, pero que hemos ya catalogado como “poco apetecibles” para nuestro día a día porque nos hacen pensar un poco. Ya si pienso en las dificultades añadidas de vivir en un país en donde se habla un idioma distinto al mío…. pues eso. Que las posibilidades de no entender los mensajes se multiplican.
Afortunadamente nuestra comunicación no es exclusivamente a través del habla, el papel de la comunicación no verbal es importantísimo y cuando estás “fuera de casa” generalmente es una gran aliada. Muchas veces he necesitado salir del paso ayudándome de algún gesto, una seña, un dibujo e incluso hasta un intento de teatrillo, que no se si me habrá servido tanto por el mensaje a trasmitir o por la vergüenza ajena de verlo. En cualquier caso, he ido también descubriendo la importancia que tiene entender y compartir las claves de la comunicación no verbal. Quizá a priori pensemos que con gestos “siempre” es fácil entenderse, pero en estos meses he tenido bastantes ocasiones de comprobar que “lo de siempre” no es “siempre” igual en todos los lugares.
Y llegados a este punto solo me puedo explicar con los dos tipos de situaciones que me costaron bastante tiempo entender y sobre todo el ser capaz de responder con las mismas claves. Por una parte, la clave de levantar las cejas. Yo creía tener bastante claro que levantar las cejas podía ser signo de asombro positivo o negativo. Infinidad de días, en el hospital, me fui con la sensación de que la gente rápidamente mostraba su asombro, pues ante preguntas simplonas como ¿eres x?, ¿me puedes imprimir tal archivo?, ¿tienes un momento?…, y así una lista bastante amplia de preguntas, la respuesta más habitual y rápida era levantar las cejas. Ante mi asombro del (supuesto) asombro del otro, y ante la (supuesta) falta de respuesta, generalmente volvía yo a preguntar, logrando nada más y nada menos que la cejas siguieran subiendo…. Y yo solía dejar ahí el tema. Hasta que alguien, quizá pensando en mi falta de educación por abandonar la conversación a la primera, se tomó un momento para explicarme que ese levantar las cejas simplemente quería decir “si”. Estoy segura de que más de un malentendido quedó abierto por ahí en un primer momento.
Por otra parte, el “misterio” o el reto de aprender a usar los taxis. Aquí el sistema es “a grito pelado”, ni paradas de taxis, ni taxímetros ni nada de nada. Tu en la calle, gritando a donde vas y cuánto pagas, taxistas pasando cual jurado de pasarela para decidir si les interesa llevarte o no… y un mini sonido de claxon – a veces combinado con levantamiento de cejas – para conocer el veredicto de si puedes subir a ese taxi (compartido, claro), o no. Me costó meses interiorizar las claves de comunicación, y aún hoy no diría yo que lo tengo dominado. Por ejemplo, taxista que baja la velocidad y al escuchar tu propuesta acelera: no le interesa. ¿Por qué no le interesa llevarte?… ¿no va por esa ruta? ¿considera que le ofreces poco dinero? Esto ya es para los expertos, pero por ahora he aprendido que si sólo acelera es que no le interesa nada; si te mira y acelera quizá le interesa la ruta pero no lo que le ofreces pagar – aunque generalmente tampoco te hace una propuesta alternativa; si parece que te ignora pero pita es que te puedes subir, pero como tardes medio segundo en reaccionar, acelera y se va… ¡y vuelta a la casilla de inicio de la búsqueda de taxi! Quizá aquí malentendidos pocos, pero ratos de desesperación en la calle, unos cuantos.
Ejemplos de comunicación no verbal como estas podría haber uno distinto para cada día. A veces el pensamiento de contar con la comunicación no verbal como aliada se tambalea o se esfuma, pero como en todo, es algo que requiere también un poco de observación, otro poco de inculturación y me atrevería a decir que un poco de humor para salir del paso y ser capaces de hacer de la situación una anécdota misionera que contar.
Mónica Marco
