Cuando al laico se le olvida ser «buen pastor»
En torno al «domingo del Buen Pastor» no es extraño escuchar expresiones como «orar y pedir con alegría y esperanza, para que el Dueño envíe obreros a su mies»; «agradecer a Dios el don de aquellos que han escuchado la voz de Jesús y le han seguido». Expresiones estas, -un poco moñas- y otras parecidas, que remiten al estado clerical. Y se puede discrepar perfectamente de esto, pero eso de «buen pastor» reducirlo solo a los clérigos es muy poco eclesial.
Los llamados «agentes de pastoral» también sienten una vocación. Y como toda vocación es una entrega. Sí, una entrega generosa y libre que aporta cada día la gran oportunidad de darse. Sin embargo, coincido con el papa Francisco en eso de que «a veces se ve laicos que parecen ‘sacerdotes fracasados’» https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-a-veces-se-ve-laicos-que-parecen-sacerdotes-fracasados-18280?fbclid=IwAR11zCsZyU4hp8wOk_p5SYkRNI_ftSSnAGy2LP0tzROAXanUKsFaKKf5C5s .
Lo peor que le puede ocurrir a una Iglesia que pretende ser sinodal, es que haya laicos, es decir, agentes de pastoral (catequistas y demás familiares) que sean más dogmáticos que el propio dogma.
El agente de pastoral también se debe aplicar esa expresión que el papa Francisco no dudó en acuñar al comienzo de su pontificado: «oler a oveja». Es cierto que a muchos les resulta insulsa e incluso infantil, pero no deja de ser una expresión cuya intención es despertar una sensación que el lenguaje no es capaz de describir. Porque oler a oveja se trata de acompañar la vida de muchos y ofrecer la posibilidad de entrar en comunión con ese Dios de quien somos sus hijos para disfrutar de esa realidad amorosa que es la divinidad. Oler a oveja es escuchar heridas y sanar errores; bendecir toda ilusión y corregir engaños. Oler a oveja es acompañar no pocas soledades y levantar pobrezas; alentar, apoyar, sostener. Pero cuando se prefiere «oler» a otra cosa; cuando el cuidado pastoral se convierte en algo rígido, autoritario y lleno de chantajes y amenazas, -si no vienes no te confirmas, por poner un pequeño ejemplo- convertimos el Evangelio en algo repugnante.
A veces se nos olvida, a laicos y clérigos, que se supone que somos creyentes y que hemos escuchado la inquietante sugerencia de Dios para entregar nuestra vida como ofrenda a favor de los demás, y solo para los demás. Que debemos saber que la más de las veces vamos a ser terapeutas heridos, discípulos, aprendices, con toda la grandeza y la miseria que comporta nuestra humana condición. Pero, como en cualquier obra de arte, la grandeza que posee la entrega al cuidado pastoral del otro no está encerrada en la materialidad, en tanto que no es una cuestión de cantidad. Porque es a través de esa entrega cómo la compasión de Dios va a seguir mimando y cuidando a la humanidad. Algo que debería estremecer cuando cometemos la osadía de atrevernos a decir a los demás una mínima palabra sobre Dios.
El olor nos dice, nos cuenta y nos revela, es decir, es fuente de conocimiento por el cual se llega a la esencia de la vida. Por ello, «oler a oveja» desde cualquier realidad pastoral es mostrar, aún más, la humanidad que nos habita. Esa que es lenguaje de Dios.
Fr. Ángel Fariña, OP
