Opinión

(SIN) SENTIDO DEL SUFRIMIENTO II:  EL VIAJE

El viaje es la gran metáfora de la vida, donde el sufrimiento es la gran prueba que la estructura, si es que la vida misma no declina en una mera sucesión de momentos intrascendentes de supervivencia, de acontecer ciego, o de dejar pasar. Vivir conscientemente no deja de ser una arriesgada aventura, que consiste en muchas muertes y renacimientos que van dando forma a este sorprendente viaje, para nadie exento de dolor. Los cuentos tradicionales, así como los mitos dan buena cuenta de ello. Sin embargo, la realidad de muchos es infinitamente más dura (más allá del mito).  El viaje por una vida mejor que desemboca en una barcaza rota contra las costas en un temporal inenarrable (Calabria) o el recorrido a la intemperie de ciudades destruidas y campos arrasados y calcinados por la guerra (Ucrania) para llevar un regalo de cumpleaños, o una pensión a los ancianos en los lugares más remotos.

Pero yo quería reflexionar hoy sobre este viaje que todos y cada uno de nosotros hacemos sin estar afortunadamente expuestos a situaciones tan extremas. El viaje de la vida se va relatando en un modo personal de estar, hacer y padecer. Porque, como dice Ortega y Gasset, somos lo que hacemos y lo que nos pasa. O sea “yo y mi circunstancia”, si no la salvo a ella, no me salvo a mí. Salvar o enderezar la circunstancia a veces es complicado, nos puede faltar lucidez o fuerza de voluntad. El cómo y el por qué de lo que nos pasa forma parte ineludible del viaje hacia nosotros mismos, del proyecto más o menos motivador al que pueda dar lugar, del horizonte, en definitiva, al que nos veamos abocados.

El viaje de la vida, incursión y excursión por entre las circunstancias, nos hace transitar derroteros y vértigos de tantas frustraciones y desengaños… Así es la vida, un continuo ir y venir:  En movimiento, como señala el título de la apasionante autobiografía del gran neurólogo Oliver Sacks (1933-2015). Un cáncer terrible devoró sus últimos días, después de haberse ilusionado con su propia vida y la de sus enfermos en momentos de gran lucidez, como Despertares, llevado a la pantalla en 1990, magistralmente protagonizada por Robert de Niro, una vida la del doctor Sacks salpicada también por el humor como El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, lectura obligada para estudiantes de psicología.

“No habrá nadie como nosotros cuando nos hayamos ido, pero tampoco habrá nadie como cualquier otra persona, nunca. Cuando las personas mueren, no pueden ser reemplazados. Dejan agujeros que no se pueden llenar, porque es el destino de todo ser humano ser un individuo único, encontrar su propio camino, vivir su propia vida y morir su propia muerte”.

Su libro póstumo, Gratitud, recoge esa idea de conocimiento y aceptación, incluso de alegría, en la superación de las dificultades.  Agudeza y naturalidad para enfrentar el misterio de la existencia Otro psicólogo más cercano a nosotros, el catalán Ramón Bayés tiene un libro titulado Un largo viaje por la vida, que a sus 92 años también celebra la existencia. Habiendo vivido la guerra nos hace comprender que el sufrimiento está en el alma de esta aventura y cómo el dolor, la frustración, la carencia y la necesidad, han sido escuela de humildad y paciencia para El psicólogo que buscaba la serenidad.  Ser consciente, según él, nos ayuda a apropiarnos del dolor, apropiarnos de la frustración, aceptar el daño propio, el que padecemos, pero también el que hacemos. Sólo se construye si se aprende a sufrir y a perdonar.

Todo este caleidoscopio de contradicción, arriesgada aventura, y a veces oscuro viaje a los “inferos” se ve reflejado en una vida de testimonio como la de Dorothee Sölle (1929-2003), poeta, activista y teóloga protestante alemana, con títulos tan interesantes como Dios en la Basura, o Mística de la muerte. Consideraba que la sociedad dominante no ofrece a sus hijos más que arena de consumo. Su denuncia de una teología política anclada en la voracidad y sostenida por la evasión de un falso misticismo fue radical: “Te hablo como una mujer que proviene de uno de los países más ricos del mundo; un país con una historia sangrienta y que apesta a gas… El mundo en el que vivo es rico, especialmente en muerte y en formas perfeccionadas de matar».

El viaje de ida: Experiencia religiosa e identidad humana de Sölle, no nos puede dejar indiferentes. Desde la relectura ético-política de los cuentos de los hermanos Grimm, pasando por la búsqueda de la identidad, inspirada en Bonhoeffer, hasta relectura de la parábola del hijo pródigo como un “morir de sólo pan”, es un testimonio como pocos del extravío y la confusión que asoló nuestro siglo XX. “El ser humano no vive sólo de pan, muere también de sólo pan, …la muerte por amputación, por asfixia, la muerte de la carencia de toda relación”. Porque no estamos solos, el viaje es esa imagen antigua del caminar del alma hacia sí misma y con el otro. Pero el viaje es de ida y de retorno, es decir que la concentración y meditación (tan de moda actualmente, por cierto, en místicas evasivas de bienestar) es un verdadero viaje en tanto nos ancla en el mundo real de responsabilidades y compromisos ineludibles. El viaje de ida y el de retorno son en verdad uno y el mismo: Mística y misión.

Sagrario Rollán