Frenar la desigualdad está en tus manos.
Como cada año, desde hace ya 64, Manos Unidas organiza una campaña de sensibilización sobre realidades, problemas y desafíos a los que se enfrentan la mayor parte de las personas de los países del sur. Este año lo hace bajo el título Frenar la desigualdad está en tus manos.
A lo largo de la semana y hasta el domingo 12 de febrero, Jornada Nacional de Manos Unidas, un buen número de misioneros llevarán a cabo charlas, entrevistas y presentaciones sobre la realidad en sus países de misión en colegios, institutos, parroquias y medios de comunicación. El objetivo es precisamente ese, compartir su testimonio de vida, presencia y misión en países desfavorecidos, en donde diariamente hombres y mujeres han de luchar por sobrevivir, por acceder a la educación, a un trabajo digno, a los servicios básicos….
A nivel más personal, reconozco que, año tras año, las campañas de Manos Unidas dan en el clavo con el tema elegido y sus ecos suelen quedar resonando durante bastante tiempo. Este año, como ya muchos anteriores, vuelve a mi mente un dato que, aunque quizá no sea idéntico, desde hace varios años llama mucho mi atención. Según Obras Misionales Pontificias, España es el país que más misioneros envía por el mundo y el segundo que más aporta económicamente a las misiones. Es un dato que me alegra y me enorgullece, y más si cabe cuando lo pienso desde la ¿paradoja? de un país en el que cada vez más personas dicen no sentirse identificadas con la Iglesia, pero a la vez reconocen y confían en su trabajo misionero.
Me parece una oportunidad especialmente buena para destacar, más si cabe, el trabajo de tantos misioneros que entregan su vida por intentar hacer de este mundo un lugar más justo, por devolver a tantas personas esa dignidad de la que las abismales desigualdades las han despojado. Pienso en los misioneros que están en otros países, pero también en quienes hacen de nuestros barrios lugar de misión, porque, aunque a veces queramos mirar para otra parte, aquí también tenemos norte y sur, y creo que queda claro que no me refiero a lo estrictamente geográfico.
Gracias a todos los misioneros que, compartiendo su testimonio de vida y misión nos dan bofetones de realidad, nos sacan de nuestra burbuja de comodidades y vida privilegiada, para presentarnos la realidad desigual de nuestro mundo. Gracias a todos los misioneros que, a través de los años, nos han contagiado a muchos de nosotros de ese espíritu y deseo de salir de nuestras fronteras, de nuestras comodidades, y adentrarnos en otras realidades en las que también encontramos hombres y mujeres, hermanos, en definitiva, que necesitan de nuestra ayuda y presencia, y sobre todo por descubrirnos que también nosotros necesitamos de la suya.
Gracias por tantos testimonios de vida, presencia, compromiso y entrega. Gracias por tantas personas que siguen dando lo mejor de sí mismas por ser sal y luz para nuestro mundo y por enseñarnos, a través de su ejemplo, que en nuestras manos está frenar la desigualdad y trabajar por un mundo más justo y fraterno.
Mónica Marco
