Solidaridad

Todos quieren ser reyes…

Ayer celebrábamos en la Iglesia el día de Cristo Rey. Dicho así y como en muchas ocasiones se ha representado, podríamos imaginar a Jesús sentado en un trono, con su corona, su cetro, lleno de lujos, mostrando una posición de poder desde lo alto, con el mundo en sus manos. Sin embargo, al escuchar las lecturas de ese día y adentrarnos un poco más en su Palabra, descubrimos una imagen muy diferente, un Cristo que es pastor, que se sienta a la mesa con todos y que reina desde la entrega.

 “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

Vemos hoy en día que el poder que prevalece suele actuar desde la ambición, el egoísmo, y la individualidad. Busca el interés personal y estar por encima de los demás y se acompaña en pocas ocasiones de la entrega. Desde el poder, se manda un peligroso mensaje a la sociedad donde es más importante lo individual que lo colectivo, el egoísmo que el compartir, encerrarse en la realidad paralela de la IA que el conocer el paraíso que nos rodea, buscar el bien personal de forma exclusiva antes que el bien común, el preocuparse solamente “de mis problemas” que de los problemas graves que pueden sentir otros. Vivimos en una sociedad donde las generaciones más jóvenes están aprendiendo a ser únicos, como si vivieran solos y se merecieran todo, a luchar por unas ideas propias pero con dificultad de atención y escucha de otras diferentes, con poca tolerancia a la frustración, donde solo existe el “yo” sin saber que hay muchos otros, donde hay poco de motivación y mucho de insatisfacción. Donde todos quieren ser reyes… sin entrega.

A pesar de todo esto, sigue habiendo muchos gestos de amor repartidos por el mundo y un mensaje claro de esperanza. El Señor nos conoce y ha dejado todo a nuestra disposición para que podamos disfrutar, es nuestro rey- pastor que nos guía y aparece en cada momento de entrega. Pero también nos toca a nosotros actuar y seguirle para conseguir vivir en ese reino de amor, sabiendo que solo es posible si vivimos desde la humildad, la cercanía, el valorar al otro, la preocupación por los más vulnerables y la entrega.

En nuestra sociedad tan necesitada de esperanza y amor, que sigamos a Cristo Rey del Mundo, estando atentos de dar de comer al hambriento, de beber al sediento, de acoger al forastero, de vestir al necesitado, de acompañar al enfermo, estar junto al que se encuentra encerrado, etc. Solo así podremos vivir en el reino de amor que Dios tiene preparado para nosotros.

Belén Rodríguez