Las gratitudes
El agradecimiento a las personas que han marcado nuestra vida y a las que pasan por ella por casualidad o de «puntillas», implica mucha más importancia de la que, a menudo, creemos.
De gratitud está llena la pequeña novela que acabo de leer, publicada por la editorial Anagrama, de Delphine de Vigan, novelista, guionista y directora de cine francesa reconocida por obras que exploran la intimidad emocional, las heridas familiares y los vínculos invisibles.
Las gratitudes es una obra breve, delicada y profundamente humana. A lo largo de la historia se percibe una intensa carga emocional que va envolviendo al lector. Con una escritura elegante, sencilla y realista va narrando la historia de una mujer anciana en el ocaso de su vida.
La trama cuenta con pocos personajes, pero cada uno de ellos posee una gran intensidad emocional. Aunque el número de ellos en la historia es reducido, sus sentimientos, conflictos internos y relaciones están desarrollados con profundidad, lo que otorga fuerza y una enorme riqueza a la obra. Están ligados por la figura de la anciana, su historia de vida y su enfermedad final. Ese hilo conductor está guiado por la gratitud y atraviesa todos los aspectos de la narración.
Tres historias con un fondo emocional intenso que ahondan en temas como la enfermedad, la amistad, la vejez, la paciencia, los cuidados, la gratitud y el amor.
Dar las gracias parece un gesto sencillo, algo que hacemos por inercia; sin embargo, en ocasiones puede resultar decisivo en la vida de las personas. Cada uno de los personajes tiene algo que agradecer: un gesto que salvó su vida o que resultó determinante para construir su presente y su futuro. Las deudas de gratitud nunca deberían quedar sin reconocer; en realidad, agradecer significa reconocer que el amor recibido ha dado fruto.
Jesús de Nazaret en varios pasajes de los evangelios nos recuerda lo importante que es dar las gracias. Uno de los ejemplos más claros aparece en el Evangelio de Lucas. De los diez leprosos curados, sólo uno vuelve para agradecer. «¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?» La gratitud no es solo un sentimiento interior, sino una respuesta concreta hacia quienes nos han hecho bien. Por eso el amor y actuar como quisiéramos que lo hagan con nosotros, es lo más importante que debe existir en nuestras vidas. Estos pasajes evangélicos nos lo recuerdan: «Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo vosotros con ellos» (Mateo 7,12). «Amaos unos a otros como yo os he amado» (Juan 13,34).
La gratitud es una respuesta libre que revela la calidad del corazón de cada uno.
Y nosotros en nuestra vida cotidiana ¿somos agradecidos? ¿Valoramos lo que los demás hacen por nosotros cada día? A veces pensamos que tenemos tiempo, pero quizá ese tiempo sea más limitado de lo que imaginamos. Con frecuencia no agradecemos lo suficiente a las personas de nuestro entorno porque damos muchas cosas por supuestas, porque creemos que ya han sido dichas o que están implícitas en los acontecimientos cotidianos. Pero no es así: recibir un beneficio y agradecerlo son realidades distintas.
Como dice uno de los personajes del libro: «ojalá recibiéramos un aviso antes de que alguien muera para agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros y podernos despedir».
En esta época estival deberíamos animarnos a pensar qué cosas tenemos que agradecer, a quién tenemos que llamar o ir a ver, para decirle lo mucho que supusieron aquellos gestos de apoyo, cariño o generosidad y que marcaron nuestro camino vital.
Esta novela nos invita a concretar en acciones su profundo mensaje.
Clara M. Tascón
