Opinión

Regulación extraordinaria, una mala noticia

Hace ya un par de semanas, se daba a bombo y platillo la noticia de que la iniciativa popular que solicitó al Congreso una regulación extraordinaria de inmigrantes, marchaba adelante. Tienen estos políticos nuestros, con apoyo de muchos monseñores y oenegés, el proyecto de hacer una ley para la regulación de aquellos que cumplan con una serie de requisitos – 500.000 decían en un primer momento, seguro que serán muchos más pero nunca nos dirán el número…-, como llevar en España más de dos meses, para darles el permiso de residencia legal en nuestro país.

Aquí mismo en La Llama, que tan generosamente me deja dar opinión, Belén Sánchez lo celebraba como una buena noticia. Y me temo que yo no estoy de acuerdo. No sólo no es una buena notica, sino que es una muy mala noticia. Belén hablaba de lo concreto, en un texto bien bonito y sentido, pero yo me temo que con mi edad ya, miro a lo largo, a lo profundo, a las bases y los sentidos. Y además, que si esto de la Iglesia es plural, pues oye, todos podemos trasladar nuestra forma de verlo.

El caso es que la considero una muy mala medida. Y muy mala por varias razones.

Primero porque está consagrando el principio de que lo legal no es importante. Que se pueden saltar las normas -se quedaron en el país de forma irregular y por tanto ilegal, muchos entraron de la misma manera- y que eso no sólo no tiene consecuencias negativas, sino que les avala para legalizar su situación. Incumplir normas no tiene ningún tipo de penalización, al revés, parece que tiene un premio. Piensen en quienes trataron de hacer las cosas bien, y entrar de forma legal. Qué carita se les habrá quedado. Y además, sáltese usted un semáforo, o deje de pagar a hacienda, verá lo que le sucede.

Una sociedad que ha perdido el respeto por las normas que nos ayudan a convivir entre diferentes, es una sociedad que se ha perdido el respeto a sí misma, que no se toma en serio su propia convivencia. Una sociedad que a unos sí y a otros no, obliga a cumplir normas, está bajo un régimen totalitario. Eso es una sociedad fracasada y hundida. Una sociedad que pone el fin por encima de los medios, que no le importan los medios, ha perdido todo norte ético.

Además se hace de forma chapucera, sin respeto al sentido común ni a la más mínima decencia jurídica, de forma que las condiciones que ponen -como justificar un tiempo de estancia- son fácilmente falsificables para simular su cumplimiento. Lo cual hará que no sean quinientos mil, sino muchísimos más. Y los que seguirán llegando al saber que si aguantan unos años, luego les regularizarán pese a que sean ilegales. Efecto llamada le dicen.

Segundo porque es una malifeta enorme, una canallada que les legaliza para poder ser mano de obra barata y multitudinaria, casi esclava, para hacer trabajos en condiciones que ningún español ni europeo aceptaría ni de jornada ni de sueldo.

No ayuda a mejorar las condiciones laborales, sino que las perjudica. Con todas las consecuencias que además lleva anejas: vivienda, sanidad, educación, recursos, infraestructuras… que las sufrirán todos. Inmigrantes y nacionales. Se les está condenando a ser víctimas de un sistema que no va mejorando las condiciones al alza, sino que las reduce en aras de la productividad, del beneficio, etc., … de unos pocos.

Y encima con mentiras para hacernos tragar como algo bueno. Que peor estarían en condiciones de “economía sumergida”, que se les necesita para pagar nuestras pensiones… Si hubiera un estado eficiente que se dedicase a gestionar y no a robar corruptamente ni a hacer propaganda 2030, las situaciones de economía sumergida no se permitirían con inspectores honrados y eficientes. Y si viniesen a pagar nuestras pensiones, ¿por qué no lo han hecho ya?, que desde finales de los años 90 del pasado siglo llevan entrando inmigrantes en una proyección geométrica, y sucede al revés: son más costes para quienes pagamos impuestos, que beneficios para la sociedad.

Tercero porque no está abordando el problema de origen, que es que no tendrían que salir de sus países si estos estuviesen lo suficientemente bien para poder hacer vida, carrera, negocis allí. Siguen las inmensas multinacionales esquilmando sus países de origen, manteniendo dictadores, sátrapas o regímenes corruptos, a cambio de que les dejen en sus sucios negocios que condenan a no desarrollarse esos países. El primer derecho en todo esto debería ser el derecho a no emigrar. Y aquí en occidente se mira para otro lado porque realmente no se quiere ayudar a la gente, sólo se busca generar opinión multicultural. O que esas mismas multinacionales esquilmen también nuestras sociedades.

Y de la mano. Los que llegan aquí, no ayudan ni colaboran a que sus países mejoren, llevándose sus capacidades y fuerzas que podrían hacer que las cosas fuesen mejores allí. Buscan mejores vidas de forma egoísta, para sí mismos, porque por mal que estén aquí están mejor que allí. Olvidan su Patria.

Ahora eso sí, aquí reclaman y protestan y se manifiestan y exigen infinidad de cosas… que no se atreverían a hacer allí. Y además sin pensar en el bien común de sus compatriotas, como mucho enviando dinero allí que ganan aquí, lo que es seguir manteniéndoles en su status quo servil. Un dinero además que sacan de aquí, en vez de “invertirlo” en el lugar que les acoge. Los que nos dicen que nos ayudarán a mejorar nuestras sociedades, mienten como bellacos.

Cuarto porque inevitablemente se abren focos de delincuencia al condenárseles a vidas precarias. Y esta es la idea de base, la inmigración sea legal o ilegal, aumenta la precariedad tanto del inmigrante como de las sociedades a las que llegan. Legalizarles no reduce la precariedad. Lo único que reduciría la precariedad sería una inmigración controlada y ordenada, y mínima, no a merced de los intereses del mercado, sino buscando el interés de la sociedad. Crimen y precariedad van de la mano. Entre inmigrantes y nacionales igualmente. Pero al generar aún más bolsas de precariedad de las que de por sí tenemos, abrimos las condiciones de posibilidad para conductas delictivas, empeorando así la convivencia, aumentando la población reclusa, y trayendo evidentes consecuencias negativas para la sociedad que les recibe. Estamos condenando a muchos migrantes que vienen con sueños de ganarse la vida honradamente, al crimen, la penuria, la marginación y la precariedad.

Quinto porque vienen de realidades culturales donde están naturalizadas y normalizadas conductas que aquí las tenemos por extrañas, superadas o detestables. Que no son nuestras y que no deberían siquiera a veces existir. Y que vemos por las experiencias de otros países que no sólo no desaparecen con subsiguientes generaciones, sino que se acentúan en las segundas y terceras generaciones. No todo por el mero hecho de que exista, está bien. La multiculturalidad y el respeto a todas las culturas, hagan lo que hagan es una inmensa mentira. Sí que hay jerarquías de calidad en las realizaciones y conductas humanas. Eso de la absoluta igualdad es algo metafísico. En el orden de los valores y de las dignidades. Pero no en cuanto a las realizaciones prácticas. Hay formas de tratar a la mujer o a los niños, y hay prácticas culturales propias de otras culturas, que aquí nos repugnan como la ablación o la poligamia o el matrimonio infantil. La inmigración perjudica nuestra sociedad debilitando su identidad compartida al traer nuevas identidades extrañas con códigos culturales, sociales, religiosos, artísticos, antropológicos que disgregan y deforman nuestras formas de vida, ya de por sí bastante debilitadas con el rodillo cultural globalizador yanqui.

Sexto porque no buscan mejorar nuestras sociedades, que les dan igual, al no sentirlas como propias. No les preocupan nuestros asuntos políticos o sociales. No buscan mejorar el lugar que les recibe, sólo vienen aquí para mejorarse ellos mismos. O a sus colectivos. Vienen a utilizar nuestras sociedades y nuestros recursos en su propio beneficio, y si dejan algo es por un mero win-win. Y pobres míos, totalmente engañados. Como mucho en el ámbito laboral benefician a empresarios, a cambio de trabajos como decíamos antes precarios con condiciones laborales que no aceptarían un nacional. Aunque para ellos cualquier cosa es mejor que lo que tenían. Con lo cual empeoran las condiciones de todos. Especialmente de las franjas sociales con menos posibilidades o más desfavorecidas de nuestros países, porque aumenta con la inmigración su competencia por los trabajos, la vivienda o las ayudas sociales. Y además utilizando recursos y aumentando gastos sociales que podrían beneficiar a nuestras sociedades si se destinasen a otras cosas que a ellos.

Séptimo porque estamos alimentando, beneficiando, premiando e incentivando a las mafias de tráficos de personas, a los nuevos esclavistas, a los nuevos negreros que comercian con la vida de esos hombres -porque casi no hay mujeres…- como si fueran cosas, mercancías de usar y tirar. ¡Les estamos validando legalmente en su tráfico de personas! ¡Les estamos ayudando a que sigan traficando con los que van a seguir viniendo y a los que van a seguir engañando para lucrarse y robarles y mentirles y maltratarles!

En el juicio divino tendrán que soportar los malnacidos políticos que apoyan todo esto, las acusaciones de todos esos muertos en las pateras del mediterráneo o del atlántico, en las fronteras de Marruecos, de Libia, de Argelia, de Bulgaria, de Grecia, de México, de Canadá, de Guatemala…  y de todos aquellos que ni siquiera pudieron llegar hasta allí muertos en el camino.

Arnau Sunyer