Sobre el amor… Por Gema Navarro
He tenido la suerte –aunque no crea en la suerte…– de que el amor ha estado muy presente siempre en mi vida y me ha guiado. No creo que haya conocido algo más poderoso.
El caso es que siempre he tenido mucho amor en mi vida. Supongo que, porque me daban mucho, yo he podido dar mucho y eso ha hecho que reciba más. No sé en qué momento pasas a ser o si ya naces siendo. Lo que sí sé es que, si no estás lleno de algo, no puedes darlo o contagiarlo. No es que necesites que te estén dando o demostrando todo el rato amor, por eso también es parte de él el confiar.
La confianza es una especie de superpoder. Confiar es llenarte de amor sin necesidad de contacto. Confiar que tu abuelx o tu hermanx te quieren. Yo, que a veces me quejo de las tradiciones, también tengo que reconocer que hay algunas que te hacen más fácil confiar. Pero no se le puede decir a cualquier persona que el amor también es confiar y tener paciencia.
No me gusta que hoy en día exista una exigencia emocional: que si es necesario cuidar, estar presente… ¿Cómo voy a estar en contra de eso? No lo estoy, lo que sí digo es que todo eso ha de vivirse desde la confianza y la libertad para ser llamado amor real. Si no se dan estas, ya no es realmente amor. Por muy bonito que sea y mucho bien que le haga a mi vida.
Por ejemplo. Si te vas un año porque lo necesitas, sufres más por la gente que te quiere y esa gente que te quiere, sufre por ti. Eso no es confianza ni libertad. Desde luego que soy la primera que escribe esto y luego va a buscar un abrazo. La peor exigencia emocional no viene de fuera. Por eso se ha puesto tan de moda el amor propio y es en el que más tenemos que invertir.
El amor no es un lenguaje con palabras. No es difícil llegar a esta conclusión. El amor no se expresa en frases, que también, sino que se siente. Pero si unx nunca ha aprendido a sentirlo, es difícil que lo sienta. Si nunca he visto un bosque, sólo árboles, me será difícil verlo, aunque me hablen de él. Creo que, de una manera u otra, todo ser vivo lo puede sentir.
El amor mueve el mundo, pero amor incondicional sólo existe el de Dios. ¿Por qué damos por hecho que sabemos cuál es el amor de Dios o de Jesús? Esta pregunta me surgió respondiendo una carta en la convivencia del MJD de hace poco. Me parece algo que tiene que ser tan grande que ni nos lo podemos imaginar.
El más cercano quizás a ese amor incondicional que podemos conocer es el amor materno –no me olvido del paterno–.Puede también porque se junta con instinto. Pero en el amor entre personas hay también demasiados apegos, miedos, tradiciones, condiciones no dichas, expectativas…
El amor ha crecido en las sociedades. O lo que significa para mí. Incluso con las guerras, el hambre, los asesinatos y las actitudes en general, sigo viendo que el amor ha crecido. No es que obvie todo lo que hay, pero sí que creo que nunca en la historia hemos sido tan sensibles al dolor ajeno. Y nunca en la historia hemos puesto tanto de nuestro servicio, para tratar de paliarlo, hay una ola de empatía y servicio. Tanta conexión trae cosas que no nos gustan, pero creo que también nos ha ayudado a sensibilizarnos más.
Una cosa que me dijeron y me ha servido mucho es que “lo que haga Pepe, es cosa de Pepe”. Lo de que sólo tú puedes tomar tus decisiones es algo que sabía, pero me repito esa frase para tenerla más presente –además, lo de “Pepe” me hace gracia–. Esto vale para tu amigx, el ejército de Israel o lo que sea. Cada cual es responsable de sus acciones y su vida.
El amor te obliga a ser más comprensivx, a conocer. Cada persona tiene los límites donde decide. Todo está relacionado, por eso creo que conocerse para saber dónde es mejor poner tus límites es quererse, mostrarse amor y también es mostrar amor a los demás. Si no nos amamos, nos podemos exigir de más y eso tendrá sus consecuencias. – También creo que lo que es, tenía que ser. “Tú si te agobias, no te agobies”. Me hace mucha gracia esa frase, sobrepasa a lo de “Pepe” –.
Tenemos como ejemplo o meta el amor al que queremos llegar, pero no siempre es el mismo para la misma persona. Las experiencias lo pueden cambiar y cada persona se imagina uno. Lo que somos capaces de imaginar como amor va a hacer que vayamos hacia ello. Es decir, si para mí es besar y me muestras que el tuyo es que no, claramente no va a ser amor para mí. Por eso el de todas las personas no es el mismo, creo que hay uno que no cambia y mejor aprender los lenguajes del amor de la mayoría.
Pero, aunque haya uno por persona, hay un consenso social que nos da bases comunes: amistades, familia, experiencias, reflexiones… aunque sigo diciendo que creo que sólo hay uno incondicional, el de Dios.
La Biblia dice directamente que Dios es amor. Quizás, buscando una definición, allí se puede encontrar. Y en teoría nos la sabemos. La idea de un amor incondicional, todopoderoso, que esté en todo… Parece que la vida misma nos pide entenderlo todo y el amor no va a ser menos. Me parece impresionante el poder que tiene, que nos mueve y mueve el mundo, pero quizás nuestra forma de vivirlo nada más que un pequeño porcentaje de lo que realmente es.
Para acabar. Vi una vez un vídeo dónde decía que el amor más incondicional que podemos ver es el del Sol, porque da luz y calor sin esperar nada a cambio. Si usamos sólo la mente lógica –no reniego de ella para nada, me encanta– puede ser verdad. Ya digo que, según yo, podemos entenderlo, pero no nos lo podemos imaginar. Amar también es confiar, no se demuestra con besos o abrazos. Es muy válido darles veracidad a nuestros sentimientos, aunque no haya consenso. –Arriba he puesto lo de que su lenguaje principal no era con palabras–.
Tengo 33 años y ahora ha empezado a tener sentido completo para mí lo de: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. A lo mejor mañana digo que ahora es cuando tiene sentido.
Gema Navarro
