La misión tiene muchas ventanas
Obligarme a escribir. No lo he apuntado todavía en este blog. Pero quiero señalar que es una manera, quizá la más inmediata y efectiva de tomar conciencia de lo que estoy viviendo. Porque la misión, además de tener diferentes destinos, tiene muchas ventanas… Ventanas del alma, asomadas a nuestro interior, descorriendo visillos y telarañas. Destejiendo prejuicios, sobre los otros, pero también sobre nosotros mismos. Puede ocurrir que la misión, para mal o para bien, saque de ti un yo que no conocías, tendencias del temperamento que habían permanecido soterradas hasta encontrarte hoy frente a situaciones inesperadas e insólitas. De algún modo, sobre todo viajando sola y por varios meses, la misión se convierte en una especie de Ejercicios Espirituales, sobre todo por lo que se refiere al discernimiento, y al estar si o si, en la otra ladera de las Bienaventuranzas: los que lloran, los que sufren, los perseguidos. O en el camino de la Cruz: Cirineo cargando el madero, Verónica enjugando el Rostro del infinito perdón, la madre en la cercanía del silencio, la turbulenta multitud, deseosa de emociones fuertes. En tales estados de contemplación surgen movimientos interiores, consuelo o desolación.
Vuelvo sobre mi última entrada en La Llama: La paradoja de lo ordinario y lo extraordinario, pues, a medida que se incorporan rutinas, el examen de conciencia se hace más acuciante. Este año la novedad de hacer puente entre Yaoundé (escribo de nuevo desde Yaoundé ) y Malabo, me invita a una reflexión más profunda, sobre las realidades sociales e históricas, por supuesto – en estos días la población de Camerún atraviesa momentos postelectorales convulsos-, pero sobre todo acerca de mis propias actitudes, en las que tengo que reconocer la aceptación de mi ignorancia como un a priori insoslayable. Al tiempo que se intensifica la necesidad de la oración, como aliento de esperanza irrenunciable, porque no sé si Dios se va , como apuntaba Ignacio Castro, pero sin duda se esconde, quizá en la cama del hospital (estaba enfermo y me visitasteis). Y aquí ya no sirven las buenas intenciones de ayudador ocasional, o la repetición obsesiva y bienpiadosa o bien pensante de rosarios misioneros de colorines. El Rosario se vuelca sobre los misterios dolorosos y se torna una rosaleda intensamente roja y sangrante, donde arden espinas de sufrimiento y de soledades. De repente no sabes cómo rezar, pero la sonrisa resplandeciente de agradecimiento en un rostro de ébano azul oscuro, te da la clave: un corazón quebrantado y humillado tú no lo rechazas, s. 51.
Después, en las clases de psicología o de filosofía en el colegio y en la facultad de Malabo, se traslucirá este temblor que te ha desarmado por dentro cuando alguien te pregunte por el sentido de la muerte en Platón o por el sentido de la vida en Viktor Frankl. Y cuando tus alumnos se crean que eres monja, ah no, entonces, ¿qué haces aquí?
Temor y temblor de Kierkegaard, siguiendo los pasos de Abraham convencido de que tiene que matar a su querido hijo… Y si, parece que el hijo querido, único, mimado y adornando de laureles que hemos criado en nuestra zona de confort, en nuestra sociedad desvaída y descontenta, debería ser sacrificado para hacer sitio al hijo de la miseria y del mar, de la migración y del olvido… Porque en el silencio de nuestra renuncia, aunque sea mudez de un corazón angustiado por no entender, la promesa de la descendencia de Abraham habrá de cumplirse. Quizá se está cumpliendo ya, sólo falta pisar los barros y las arenas del mar, y dejarse abrazar por esos barros y esos limos, que nos revitalicen, como un nuevo génesis, cuando vio Dios que aquello que había hecho era bueno. Y rezar con renovada confianza el himno de Laudes:
Alfarero del hombre, mano trabajadora
que, de los hondos limos iniciales,
convocas a los pájaros a la primera aurora,
al pasto, los primeros animales.
De mañana te busco, hecho de luz concreta,
de espacio puro y tierra amanecida.
De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta
de los sonoros ríos de la vida.
Sagrario Rollán
