Recomendaciones de Verano. Peregrinar.
Si hay una actitud que define al ser humano es la de peregrino. A veces nos olvidamos de ello o hacemos como si fuéramos eternos e inamovibles, pero la realidad nos zarandea y las circunstancias nos arrastran –queramos o no−. La inestabilidad nos pone nerviosos, pero la permanencia es más relativa de lo que pensamos. Acumulamos de todo, pero apenas unas pocas cosas son indispensables. Por otro lado, viajamos más y más rápido que nunca, y no vamos a ninguna parte. Parece que moverse es el objetivo; y el coche, el AVE o el avión, nuestra casa. Nos lanzamos ansiosos hacia el soñado verano y cumplimos, uno detrás de otro, todos nuestros planes. Sin embargo, no estamos realmente presentes en ninguno. Llegan por fin los encuentros tantos meses esperados, y los abrazos contenidos, pero apenas los vivimos acumulando sin sentirlos. Estamos cansados de lo de siempre, de la rutina y del trabajo, y anhelamos desconectar de todo. Y en ese todo, se nos cuela Dios, como si nuestra relación con Él fuera un apartado más de nuestro horario invernal.
Hacer el Camino de Santiago tiene la virtualidad de reunificar pacíficamente los anhelos que nos habitan. Es experimentar esa peregrinación que es la vida, donde disfrutas cada paso y paisaje, sin quedarte ni adueñarte de ellos. La meta no es el camino, y todo es real y relativo a la vez. El viaje tiene sentido incluso si no llegas a Compostela, pero no por ello dejarás de caminar en este hoy. Tienes intención y la fecha de llegada programada, pero ello no te impide ralentizar el paso si es preciso, o contemplar el paisaje que te rodea. El primer día sales cargado de “por si acasos” de los que vas despojándote a medida que el calor aprieta y el peso se te hace innecesario. No hay grandes comodidades, en literas compartidas y duchas sin demasiada intimidad, pero nada es comparable al placer de cada atardecer, cuando has llegado al final de cada etapa, has conocido nuevos peregrinos y te puedes permitir un helado tras la ansiada ducha. Es posible que te salga alguna ampolla o que el sol te queme la piel, pero la ilusión por seguir adelante es más fuerte que el dolor. Quizá hayas organizado ir en grupo, pero cada uno seguirá su ritmo. Es más que posible que el cansancio despierte tensiones, pero jamás olvidaréis la última carrera juntos antes de alcanzar la plaza del Obradoiro. Tendrás los amigos del colegio, lo del pueblo, lo de toda la vida, los de la universidad… y a partir de entonces, también contarás con los amigos con los que hiciste el Camino.
A lo largo de cada jornada caminarás, charlarás y reirás, pero también habrá silencio y, sobre todo, maravilla y en ella, la firma de su Autor. Con los pies agotados y la piel curtida, con el corazón cargado de rostros y la mochila cada vez más vacía, llegarás a abrazar al Santo. Con el estómago hambriento y el paladar cansado de bocatas, podrás comulgar el Cuerpo de Aquel que os llevó a los dos, a Santiago y a ti, al fin del mundo para demostrarte, una vez más que: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28,20). Y descubrirás que el ser peregrinos no es una condena sino la oportunidad de una existencia libre y desprendida, cuya única meta es el Abrazo: La Vida Eterna, cuando dejemos este mundo, y cada Eucaristía mientras vivimos.
Sor Teresa Cadarso, OP

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