Religión

No caigamos en el olvido

El fragor del momento nos ayuda a mantener viva la llama de la vida de Francisco, sus enseñanzas, sus palabras, su compartir fraterno, su modo sencillo de ser el Papa, su presencia humilde y cercana.

Pasarán estos días y llegará el momento de otro Papa, de alguien que vendrá con su modo, no sabemos cuál y cómo, pero no será el de Francisco, porque ese sólo es de Francisco, que llegó tras la sinceridad y la coherencia de quien no creíamos que podría dar todo lo que dio.

Hoy se resaltan tantas virtudes: humildad, sencillez, cercanía, pobreza, sinceridad, coherencia, valentía, fortaleza, tesón, claridad, veracidad, alegría, reconocimiento, apertura, perdón… sí podría seguir y te invito a que añadas todo aquello que destacarías de él, pero no para que quede escrito como un epitafio bello, sino como una enseñanza a seguir lo que nos ha dejado como legado.

Jesucristo llenó su vida, lo llamó por su nombre, invitó a Jorge Mario Bergoglio a seguir sus pasos, a predicar su evangelio, desde un carisma concreto, pero nunca cerrado a lo que se le pudiera plantear, comienza su servicio como Jesuita y desde ese carisma acepta ser obispo, acepta ser pastor de una iglesia local, llena de lugares con muchas dificultades en las que él estuvo presente, en medio de ellos, no sólo de palabra, sino sentado a la mesa con ellos, en su mismo suelo.

Quiso terminar sus días en ese servicio para volver a esas calles a esas villas, a esos lugares tan despreciados por la sociedad, y es llamado a servir desde un lugar donde la visión es más amplia pero no por ello lejana, ya que como Papa no se preocupó de viajar a los lugares habituales, sino que llegó a la periferia del mundo, a los lugares lejanos, a las personas más vulnerables, no sólo fuera de Roma, sino también en sus escapadas para estar cerca de los que llegaban al corazón.

Su despedida no debe ser como la de los que reciben los elogios en su funeral, sino como la de los que esos elogios se convierten en enseñanzas para vivirlas y seguir haciéndolas vida en nuestro mundo, como él lo habría hecho de seguir entre nosotros. Primereando a Dios, saliendo a las calles, abriendo las puertas de las iglesias, de las casas, del corazón, escuchando, estando presentes en el mundo… 

Si de verdad crees que todo lo que ha podido hacer Francisco en estos años ha valido la pena, convirtámoslo en alegría de vida, en esperanza de futuro.

Hagámoslo vida.

Gracias Papa Francisco.

Macu Becerra, DMSF