Religión

La llama del amor

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Ayer, Jesús, en el evangelio, nos pasaba el relevo. Como si de unas sencillas velas se trataran, Jesús se encargó de prender la llama en cada uno de sus discípulos, les dio la luz que tanto necesitaban, el Espíritu Santo. Sobre ellos recaía la gran misión de vivir conforme la voluntad de Dios, pero también, la de ser los encargados de dar testimonio dando un mensaje de esperanza. Esa llama se encuentra en cada uno de nosotros.

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos

A poner en libertad a los oprimidos;

Lucas (4:18)

La llama se prendió, pero depende de cada uno de nosotros hacer que esa luz  se quiera mantener. En este mundo de hoy, son muchos los factores, noticias, situaciones que puedan hacer que la llama se mueva, baje su intensidad, o incluso se prenda más de la cuenta, sin embargo podemos cuidarla y hacer que  esa llama de vida, continúe. Dios por medio de su Palabra, sus gestos, y el testimonio de vida de Jesús, nos enseña que el secreto para mantener dando luz y calor es a través del amor. Por medio de la oración y la entrega, en la relación Dios y con los demás, esa llama nos permite iluminar, conocer partes más desconocidas nuestras y hace que nosotros demos luz a aquellos que viven en oscuridad.

Ahora es el momento de saber, ¿cómo se encuentra nuestra llama?, ¿qué hacemos para dar luz a los demás?¿necesitamos avivarla más con la oración, el encuentro, la escucha, la confianza, etc?

Te propongo que cojas una vela y la enciendas, observa sus colores, su ritmo, su entorno, etc. Luego, haz una pequeña oración encomendándote al Espíritu Santo, y reflexiona acerca de las preguntas anteriores. Después, se luz, se la llama del amor para aquellas personas que te encuentres a lo largo de tu jornada.

Belén Rodríguez Román