Conversaciones reparadoras
Ayer estuve en un congreso de Ciudadanía, un concepto que a alguno a lo mejor no le suene, pero que trata de la importancia de cuidarnos entre todos, somos vulnerables y necesitamos de los otros para desarrollarnos.
Hablamos muchas cosas, del autocuidado, del cuidado del planeta y del cuidado comunitario. Somos seres en relación y necesitamos crear vínculos. De todo lo que hablamos, si tengo que elegir, me quedo con las conversaciones reparadoras.
Vivimos muy rápido, y muchas veces dejamos pendientes esas conversaciones que pueden ayudar al otro. Muchas veces son personas a las que queremos, y que sabemos que están “tocadas”, que se sienten vulnerables y que están esperando una pregunta para romper el silencio. Las vemos apagándose, con semblante sombrío, o un lenguaje corporal diferente. ¿Qué podemos hacer? Tal vez algo muy simple, pero que muchas veces dejamos para más tarde, generar espacios para esa conversación, espacio de escucha, de dejar hablar, que exprese lo que siente, que la palabra sea pronunciada. Cuando esa palabra es acogida, escuchada, reconocida… puede ser motivo de sanación.
Tal vez leyendo esto, te viene a la mente alguna persona que tenga sed de ser escuchada, comprendida, sanada… busca ese espacio, ese tiempo y genera esa conversación. ¿A qué esperas? ¡Qué vivan los cuidados! Agenda esos cafés pendientes.
Para terminar, quiero agradecer a todas las personas que me cuidan (familia, amigos, comunidad, Iglesia…). Gracias por ser bálsamo para mis heridas, por crear ese espacio de confianza dónde ser una misma, por esa aceptación y esa capacidad de sanar y devolverme la sonrisa. Gracias por hacerme sentir querida, y por acudir cuando la herida está sangrando sin tener que llamaros. Bendito Dios, por encontrarnos en el camino. ¡Os quiero!
Belén Sánchez Gil, OP
