Elecciones
Hoy como dicen muchos estamos en “resaca electoral”. Ayer ejercíamos nuestro derecho al voto como ciudadanos de una democracia, pudiendo elegir a los representantes de nuestros pueblos, ciudades y comunidades. Pero no debemos olvidar que nuestros políticos son eso, una representación, que tiene la labor de gestionar bien pero que nosotros, como ciudadanos, nos toca trabajar a través de nuestras actuaciones del día a día para conseguir el bien común.
Es curioso como el día de ayer de elecciones coincidía con Pentecostés, ¿casualidad? En la lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13 se nos decía.
Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Cada ciudadano tenemos en nuestro corazón y en nuestras manos la actuación del Espíritu de Dios pero, tenemos que dejarlo actuar. En el día de ayer se nos recordaba que Jesús se tuvo que poner en medio de sus discípulos, de un grupo, de una comunidad y que en esa oscuridad en la que se encontraban, Jesús les dió las palabra de aliento, de «Paz a vosotros». Tal vez no ha sido el lema de ningún partido político actual, pero ayer el Señor nos lo volvía a recordar, que nosotros podemos elegir actuar según el Espíritu Santo. Desde el amor, con sus dones (sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) nos permite que nos sintamos unidos como hermanos (a pesar de nuestras diferencias) y que podamos crecer como personas y comunidades, llevando luz a todos los rincones del mundo. Que tengamos esa visión de Jesús, estando atentos a nuestras familias, vecinos, paisanos, buscando el bien común y dejando actuar al Espíritu Santo, deseando “Paz a vosotros”.
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don en tus dones
espléndido; luz que penetras las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro
esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos
Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado, cuando no envías tú aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
Amén.
Belén Rodríguez
