La alegría del servicio
Hace poco vi un pequeño video que me sacó una gran sonrisa. De esas que nacen de forma inesperada, desde bien adentro, en momentos en que la cabeza parece una coctelera centrada en una cosa, pero lo que de verdad necesitas es centrarte en otra muy distinta. Quizá no fue algo del todo casual. El cortometraje era “La alegría del servicio – Bahai Cortometraje” de World Peace Films:
Me encantó. En escasos dos minutos no solo me hizo cambiar de chip a uno que me hacía más falta en ese momento, sino que me transportó inmediatamente a la misión. En esta ocasión no a una misión concreta, no a Camerún o a Santa Lucía, o a los proyectos en los asentamientos Tarahumaras en donde colaboraba de adolescente… sino que me sirvió para volver a algo más profundo, a eso que me ha movido siempre para implicarme en proyectos, conocer otras realidades, a conocer personas y sus historias y, claro está, también a salir de misión a otros lugares.
En “eso” más profundo encontré dos claves que coinciden plenamente con la historia narrada en el cortometraje: alegría y servicio. Un tándem de palabras que, si nos las tomamos seriamente, serían una hoja de ruta excelente para la vida de cualquiera. Me atrevo a decir que vibré en el momento en que la señora mayor comparte con la joven: el momento más feliz que recuerdo, es cuando hacía felices a otros.
Qué importante es la felicidad en nuestra vida, el vivir con la convicción de que lo que hacemos y quienes somos tiene sentido, y precisamente por esto, lo que no tiene sentido es encerrarnos en nosotros mismos. ¡Lo que no se comparte se pierde! Y qué forma más bonita de compartir y a la vez de crecer: compartiendo la felicidad de estar al servicio de los demás. Creo que es un básico que se nos despista con frecuencia. Si somos capaces, la plenitud está al alcance de nuestra mano. Lo que brindamos a los demás nos hace crecer y vuelve a nosotros, como hubiera dicho mi abuela, “al ciento por uno”.
Dicen que, cuando tendemos a encerrarnos en nosotros mismos, lo hacemos – a veces – por instinto de conservación, y esto no es otra cosa que señal de miedo, y donde crece el miedo, se pierde de vista a Dios. Pero si logramos ir más allá de nuestros miedos, nos daremos cuenta de que salir de nosotros mismos y ponernos al servicio de la humanidad es servicio a Dios. ¿Qué felicidad más grande podríamos encontrar?
Cómo la mujer del cortometraje, te invito a preguntarte ¿cómo puedo servir a los demás de nuevo? Formas de hacerlo hay miles, y entre todos nos complementamos. ¿Cuál es el momento más feliz que recuerdas? ¿Cómo puedes compartirlo?
Bienaventurado y feliz es aquel que se levanta para promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra. Bahá’u’lláh
Mónica Marco, CSD
