¿Qué hay en el barco?
Este pasado domingo celebramos la fiesta de la Virgen del Carmen. En un pueblo costero – como en donde estoy ahora – es sin duda la fiesta grande, pues es la patrona de los pescadores. Esta fiesta está rodeada de feria, procesión de la Virgen a los diferentes barrios del pueblo, la celebración solemne, la cofradía de la Virgen en pleno, fuegos artificiales…. En fin, todo lo que acompaña y adereza una buena fiesta.
Fueron días de mucho movimiento y de mucha – quizá aparente – devoción. Son momentos en los que se entremezclan de diferente manera la religiosidad, la devoción, la tradición, la cultura popular….. El domingo, la Iglesia estuvo “a reventar”, como pocas veces la vemos durante el año y ese mismo día, por la tarde, la cofradía sacaba a la Virgen en procesión para embarcarla en un pequeño barco pesquero para que la Stella Maris (estrella de los mares) recorriera por mar los límites de nuestro municipio.
No puedo negar que ver embarcar la imagen de la Virgen es un momento bastante especial. También el ver la procesión marítima, con otros pequeños barcos, lanchas y ¡hasta tablas de paddle surf! acompañando a la Virgen. Una vez que embarcan y comienzan a navegar, resulta difícil, desde la orilla, distinguir en dónde va la Virgen y entre quienes estábamos en la playa se escuchaban muchas preguntas del tipo: ¿en cuál barco va? ¿quién más va en ese barco? ¿alcanzas a ver el barco?…..
Todas estas preguntas me hicieron recordar una pregunta que nos hacen los niños más pequeños durante el curso. En la capilla de mi comunidad, el sagrario es un barco pesquero que lleva una imagen de la Virgen. No podía ser distinto, estando en un pueblo costero y en un centro llamado Stella Maris. Lo impresionante, y más a los ojos de un niño pequeño, es que el barco ocupa todo el ancho de la pared. Ellos, con su buen y curioso ojo infantil, no han pasado por alto que en el barco hay una pequeña cerradura. Cuando vienen a la capilla, sea con su grupo, o sea ellos espontáneamente (que lo piden hacer con bastante frecuencia), suelen sentarse un poco, y luego se acercan a la barca intentando desvelar el misterio. Y en algún momento preguntan ¿qué hay en el barco? Les contamos que dentro está Jesús, que también vive en esta casa, y ese barco es lo más importante que hay. Ya el momento de fiesta grande es cuando buscamos la llave y les explicamos lo que hay dentro mientras lo abrimos, y sus caras son una bonita mezcla de asombro y felicidad.
Me sorprendo cada vez, pues suelen ser los niños más pequeños – quizá de entre 3 y 7 años – a quienes más les gusta entrar, sentarse, preguntar…. Entran y preguntan desde su inocencia infantil sin filtros, con una mirada limpia, y con un corazón inquieto y curioso. Luego unos a otros se van explicando que en el barco está Jesús y que encima está su madre, la Virgen, que lo acompaña… y si hay curiosos en el patio asomados por la ventana, los mismos niños los invitan a entrar.
Así que, durante estos días, y especialmente el domingo con la celebración solemne y la procesión marítima de la Virgen mi reflexión se centró precisamente en preguntarme qué es lo que hay en “mi barco” y si soy capaz de prestarle atención con la misma mirada de los niños se sientan enfrente a mirarlo o si voy “de año en año” como muchos han visto desde la playa el barco que llevaba a la Virgen por el mar.
Si en este barco guardamos lo más precioso que tenemos, tenemos una invitación abierta a subirnos a este barco y compartir viaje con el mejor capitán que podríamos tener, ¡tan bueno que hasta la Virgen quiere ir en él! Te pregunto, este verano…. ¿qué llevas en tu barco?
Mónica Marco, CSD
