Opinión

León XIV al detalle

¡Habemus papam! Era la frase más repetida de la semana pasada. Cristianos, no cristianos, medios de comunicación, fieles, curiosos, se reunían para conocer el nombre del nuevo Pontífice.

Era curioso ver la expectación que había y cómo, siendo el protocolo Vaticano uno de los más rigurosos y cuidadosos del mundo, ya había supuestas filtraciones, apuestas por quién sería el que continuara la labor de Francisco, especulaciones. Eso parecía para algunos lo importante, ¿seguirá la tendencia de Francisco o será su oposición? como si fuera un simple cargo político…

Pero el Espíritu trabajó desde el principio, como siempre, en silencio y con discreción. Un nombre, Robert Prevost y las primeras pistas: agustino, misionero, obispo, americano, peruano, hablando en italiano, inglés, ¡español!, matemático, filósofo, experto en derecho canónico, persona de confianza de Francisco, con todos los ornamentos papales (excepto sus sencillos zapatos)… Muchos no sabían encajarlo y esa era su primera gran lección: Adiós mundo polarizado, bienvenida la variedad y complementariedad.

Un rostro alegre, que trasmitía bondad, sencillez, que en ocasiones parecía controlar su emoción, salía con su papel (señal de una buena preparación) y rodeado de sus hermanos cardenales. Su primeras palabras, con tono seguro: “la paz este con ustedes”, “Dios nos quiere, Dios nos ama a todos”, “Gracias”, “Seamos puentes, a través del dialogo, acogida…” “queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, que busca la caridad y la paz” “pidamos a María, nuestra Madre”. El Espíritu seguía, el mensaje de Robert que pasaba a ser León XIV, sobre una Iglesia formal y formada, pero cercana y  que busca la unión a través del amor llegaba no solo a cristianos, sino al mundo entero. Todos se hacían eco de su presencia y de sus palabras, toda una evangelización.

Los medios sacaban detalles de su vida pasada, de su niñez, de su misión en Perú, su humanidad, de su vida como General de los Agustinos, comentarios de compañeros, su disposición y su trabajo a voluntad de Francisco… todo ello nos permitían hacernos una pequeña idea de la persona de Robert. Pero ya León se encargaba de ir dejando pistas, en pequeños detalles, de lo que significaba su nueva etapa, tanto en esa primera salida al balcón, como los días posteriores rezando junto a la tumba de Francisco, saludando a una niña, dirigiéndose hacia la residencia donde había estado, saludando a los medios que tanto habían trabajado esos días… sobre una Iglesia unida que tiene que estar junto al necesitado y tiene que ser luz y acogida para TODOS.

Recemos y acompañemos al Papa León XIV en su caminar, unidos, haciendo esa Iglesia que Jesús creó junto a sus discípulos, en torno al Padre y que hoy nos toca a nosotros ser misioneros del amor de Dios, de la paz y esperanza.

Belén Rodríguez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *