Opinión

20 años no es nada… 25 son nada y un poco más

Nacemos, durante unos años no somos conscientes del tiempo, vamos creciendo y, de repente parece que sólo tenemos un objetivo, queremos ser grandes pensando que en ese momento haremos lo que nos da la gana… qué ilusos somos, qué inocentes. Seguimos en el camino de la vida sin darnos del todo cuenta que el tiempo va pasando y que aunque nos vamos haciendo grandes, lo de «hacer lo que nos da la gana» es un simple espejismo que sigue presente a lo lejos y nunca se acerca del todo.

Resulta que llegamos a ser mayores, nos permiten hacer ciertas cosas: tener el carnet de conducir, votar, entrar a ciertos sitios, viajar solos, llegar tarde, pero seguimos sin hacer lo que nos da la gana, porque lejos de poner en práctica esa frase, a medida que vamos cumpliendo años, vamos teniendo más responsabilidades y eso supone más reglas que cumplir, más normas que seguir.

No, no todo es tan serio y triste, para nada, descubrimos que la libertad no consiste en eso, «hacer lo que me da la gana» sino en saber disfrutar de todo lo que hacemos y vivimos, siendo conscientes de lo que vamos aprendiendo, de lo que adquirimos y de lo que perdemos, y, de repente, nos damos cuenta que ha pasado una parte de nuestra vida, que ha llegado un día que no tenías claro que fueras a celebrar, que se reúne mucha gente a tu lado para compartir momentos, sueños, logros, experiencias, abrazos, lágrimas… que están los que siempre han estado y que los que faltan, siguen ocupando su espacio en el corazón, y alguien te dice: 25 años son nada y un poco más, porque no has llegado a la meta, sino que has vivido mucho, has aprendido mucho, has disfrutado mucho, has perdido cosas y personas, has encontrado personas y cosas, y lo mejor de todo es que vas a seguir haciendo todo eso, que sólo ha sido una parte, que todavía queda mucho más por vivir, muchas cosas por aprender, muchas vivencias por experimentar, muchas personas por conocer.

Dice el refrán «Para atrás, ni para coger impulso» sólo para dar gracias por todo lo que ya has vivido y recordar lo que no debes volver a hacer, de resto, es una mirada hacia lo que está por vivir y sobre todo un saber estar y vivir cada momento presente, porque, en realidad es lo único que tenemos, esto, ahora, ya… que ya pasó y da su oportunidad a lo que está a punto de ocurrir.

Dice la Escritura «Mil años en tu presencia son un ayer que pasó», el tiempo nos lo marca una medida, pero nada es comparable con quien es capaz de medir su tiempo con lo que va experimentando, con lo que va aprendiendo, con lo que va logrando.

Macu Becerra, DMSF