31 cosas que van bien en el mundo
Puede que sea verdad eso de que el mundo no va del todo bien. O al menos no todo lo bien que nos gustaría. Es también verdad que las malas noticias pueden ser capaces de hundirnos en la miseria, si dejamos que calen demasiado y hacemos de ellas el centro de nuestra vida. Mi colega Arnau hablaba aquí el otro día sobre 30 cosas que van mal en el mundo, y mi pensamiento al leerle fue que tiene que haber, sí o sí, más cosas buenas que malas en el mundo. No puede ser que hayamos convertido esta vida que se nos ha dado en algo oscuro y sin sentido. Así que aquí les traigo 31 cosas, a «correcuita» y vuela pluma, que van y están bien en el mundo. Estupendamente, me atrevería a decir.
1. Los profesores, los maestros. Aquellos que dedican su vida a enseñar y a educar. A los niños y jóvenes, sí, pero también a todo el que quiera escuchar.
2. Los barrios. Esos lugares donde la vida acontece un poco más lenta que en el centro de las ciudades. Con sus tiendas de toda la vida, sus calles estrechas, sus vecinos y sus anécdotas.
3. La gente agradecida, que se sabe afortunada por lo que tiene y te lo hace saber cada vez que tiene oportunidad. De bien nacido es ser agradecido. O eso me han enseñado en mi casa.
4. La artesanía y los trabajos manuales. En un mundo en el que todo es digital y está a un click de distancia, qué bonitas son las cosas que llevan tiempo, que se hacen con mimo, que se centran en el detalle. Que puedes sostener entre las manos y no desaparecen una vez pasadas 24 horas.
5. Los chistes y las bromas internas, las anécdotas contadas hasta la saciedad, las referencias tan específicas que solo se entienden si estuviste allí cuando sucedió. Esas que se transmiten en una mirada nada más.
6. Los niños. Siempre los niños.
7. Y además, más específicamente, los niños en misa. Aunque lloren, aunque echen a correr por el pasillo en un momento de despiste de sus padres, aunque no entiendan del todo lo que sucede. Una Iglesia que no llora es una Iglesia que no crece, oí una vez.
8. Los negocios familiares. Que entres en un local y te atienda el bisnieto de aquel que lo abrió por primera vez. Y que el apellido de la puerta coincida con el del dueño. Porque ahí hay algo que no se encuentra en los grandes almacenes o cadenas.
9. Los abrazos. En todas sus formas.
10. Las bibliotecas y librerías. Con sus bibliotecarios y sus libreros.
11. La gente que reza por ti. Que decide usar ese ratito de oración, esa conversación personal e íntima que tiene con el Señor, para interceder por ti. Y te lo hace saber.
12. La música en directo. Porque Spotify está genial y es muy útil y cómodo, pero tu canción favorita siempre sonará mejor en vivo.
13. Los matrimonios, la gente que se casa. En un mundo que nos empuja a lo efímero, al consumo, al usar y tirar, bendita la gente que decide apostar una vida en pareja para toda la vida.
14. Los árboles que resisten en las grandes ciudades, que se mantienen en pie en medio de tanto cemento, tanta contaminación y tanto ruido.
15. Los voluntarios. Todos ellos. Los que salen corriendo a ayudar a las víctimas de un accidente, pero también los que dedican una mañana al mes a recaudar comida y dinero para que sus vecinos necesitados puedan comer. Todos ellos.
16. La vida consagrada. Como concepto.
17. Los pueblos. Grandes o pequeños. Con playa o con montaña. Con peñas o sin ellas. Da igual. Los pueblos.
18. La gente que sujeta la puerta, que cede el asiento en el bus, que te rellena el vaso cuando está vacío. La gente atenta, que es capaz de levantar la mirada de su propio ombligo.
19. Los clásicos. Libros, películas, discos. Si son clásicos, por algo será.
20. Los paseos por la playa. Con los pies descalzos, la marea que los acuna, la mezcla de agua y arena que se cuela entre los dedos. Y si es por la tarde, aún mejor.
21. Las noches de verano. En su totalidad. Estés donde estés, pase lo que pase.
22. Las conversaciones largas y distendidas, esas que saltan de tema sin sentido aparente, con las que lloras y ríes a partes iguales. Esas que no se olvidan fácilmente.
23. La medicina y todos esos avances científicos y tecnológicos que permiten que no nos muramos de un catarro. Y que hacen la vida un poquito más fácil y llevadera.
24. Los misioneros. Como concepto también.
25. Las tradiciones familiares. Esas cosas pequeñas, aparentemente sin sentido, que se transmiten de generación en generación.
26. Los mayores, los abuelos, los ancianos. Que resisten el paso de los años. Que, anclados quizá en un tiempo que les trató mejor, no dejan que la edad les pase por encima.
27. El arte en todas sus formas.
28. Los peregrinos. Que se echan la mochila a la espalda y se lanzan a los caminos en busca de respuestas que saben que no hallarán, pero con la fe de quien sabe que el mundo ha sido creado para él.
29. Los bares, las tascas, los restaurantes que tienen menú del día, las cafeterías que sirven churros y pinchos de tortillas. Con sus barras, sus sillas altas, sus mesas cojas y sus paisanos habituales.
30. Los detalles. Las cosas pequeñas e insignificantes que marcan la diferencia todas y cada una de las veces.
31. La esperanza. Con todo, por todo y pese a todo.
Elena Martín Tascón
