Regularización extraordinaria, una buena noticia
Llevo muchos años acompañando y compartiendo vida con migrantes y hoy celebro este paso. ¿Por qué? La situación irregular no favorece a nadie. A los migrantes les condena a una vida de exclusión, trabajando en B, y muchas veces aguantando situaciones que no son justas, en silencio absoluto, por la falta de derechos; “no existen” aunque haya cien miles. Los empresarios que los “contratan” se arriesgan, pero también se ahorran su seguridad social, les hacen un “favor” porque así tienen para vivir, pero en muchos casos se aprovechan de su situación irregular, les explotan con el número de horas, el bajo sueldo que perciben y normalmente para hacer los trabajos que nadie quiere o son muy duros, les echan cuando quieren, o les llaman sólo cuando les interesa. El trabajo dignifica, pero la explotación no. Por su situación irregular no pueden trabajar, pero es demasiado tiempo, y las familias, por estar en Europa, les presionan mucho a mandar un dinero que no tienen; no se dan cuenta que no pueden trabajar “dignamente” por su situación irregular.
Para alguien que no esté familiarizado con el proceso de regularizar la situación administrativa de extranjeros, os puedo decir que es un sueño los plazos de los que se están hablando con esta propuesta. A día de hoy, en España, si en tu país de origen hay guerra, una situación política inestable, o te persiguen por alguna causa que puedas demostrar, puedes pedir asilo político y que con un poco de suerte te lo concedan en menos de un año; es lo más rápido, pero entonces olvídate de volver a tu país. Si no, el camino es la regularización por arraigo para estudios (después de llevar dos años en España, demostrables y no te da derecho a trabajar) o por arraigo social, a los tres años, que se convierten en cuatro muchas veces mientras lo resuelven. Ah y todo este tiempo ¿viviendo del aire?, con la posibilidad de que te paren en la calle y si hay acuerdo con España te repatríen a tu país de origen… Y no hablemos de lo difícil que es la burocracia y conseguir citas para todo, para empadronarse, para poner la huella para el NIE, que por desesperación acaban muchas veces comprando si las encuentran… abuso, tras abuso, con la ilusión de regularizar su situación y que por fin puedan empezar con esa vida mejor, con la que soñaban.
Si no me creéis y tenéis algún amigo migrante que haya regularizado su situación, preguntarle por el proceso, a ver cuántos suspiros da. Al final la mayoría, antes o después lo consiguen, es cuestión de paciencia. Mientras tanto, se ven obligados a vivir en la calle o en recursos públicos o privados, muchos con subvenciones públicas enfocados en la acogida, acompañamiento y promoción de migrantes u órdenes religiosas cuya caridad es recibida por migrantes en situación de vulnerabilidad.
Regularizar su situación administrativa es una cuestión de dignidad y de justicia social, es una cuestión que hará que por fin puedan tener derechos y obligaciones. Podrán vivir sin miedo, denunciar si son maltratados, obtener un título educativo, dignificar sus condiciones laborales… a la vez que tendrá un impacto económico positivo, hará aflorar parte de la economía sumergida, con sus correspondientes impuestos y cotizaciones, contribuirán para poder pagar las pensiones en una población cada vez más envejecida. No van a colapsar los servicios públicos, muchos ya estudian, sin poder hacer las prácticas por no tener un papel y si están enfermos, son atendidos en los hospitales; ya viven con nosotros.
¿Quién pierde con la regularización extraordinaria de migrantes? Dejemos de poner fronteras a la humanidad.
Belén Sánchez

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