Cuando la lógica del miedo se rompe: del pozo de Samaría al ICE
“Judíos y samaritanos no se tratan”. La frase aparece casi de pasada en el relato de la samaritana junto al pozo, pero lo dice todo. No es solo una nota cultural: es la descripción de una frontera invisible, aprendida, asumida. Una lógica que ordena el mundo separando, clasificando, alertando de con quién sí y con quién no.
En ese contexto, el encuentro entre Jesús y la mujer samaritana resulta profundamente desconcertante por su naturalidad. No hay discurso previo, no hay advertencias, no hay sospecha. Hay una petición sencilla: “Dame de beber”. Jesús habla como se habla a un igual. Y eso, precisamente eso, es lo que rompe el guion.
La lógica del miedo funciona así: antes de que el otro hable, ya sabemos quién es. Antes de que se acerque, ya lo hemos colocado en una categoría. El miedo necesita etiquetas para justificarse. Y cuando gobierna, el encuentro se vuelve imposible o peligroso.
Por eso el diálogo junto al pozo es tan incómodo. Jesús no niega que existan diferencias —religiosas, culturales, históricas—, pero se niega a que esas diferencias sean un muro. No empieza preguntando por la procedencia, ni por la ortodoxia, ni por la biografía moral de la mujer. Empieza pidiendo agua. Empieza reconociendo una necesidad compartida.
Hoy seguimos viviendo bajo lógicas parecidas. Sistemas que funcionan desde la sospecha, protocolos que ven amenazas antes que rostros, discursos que convierten al otro en problema. La comparación con ciertas políticas migratorias actuales —como las prácticas del ICE en Estados Unidos— no pretende equiparar contextos, sino señalar una dinámica: cuando el miedo dirige, la persona desaparece.
El relato evangélico propone otra cosa. Y eso mismo subrayó Timothy Radcliffe en 2023, en sus intervenciones ante los obispos durante el Sínodo: la verdadera escucha exige abrir el corazón y no responder desde el miedo. Radcliffe invitó a dejar atrás máscaras y etiquetas fáciles para aprender a escuchar con el corazón abierto, una escucha que no se defiende ni se protege, sino que se arriesga al encuentro real con el otro.
Ese es el gesto de Jesús junto al pozo: mirar, preguntar, atender, responder. La conversación con la mujer no está guiada por la desconfianza, sino por la atención plena a su historia y a sus preguntas. Y esa forma de escuchar transforma; no solo libera a la mujer de sus propios prejuicios, sino que lleva a toda una ciudad a acercarse y a decir: “Ahora creemos porque nosotros mismos hemos oído”.
A veces, romper la lógica del miedo empieza con un gesto tan pequeño —y tan revolucionario— como pedir agua y quedarse a conversar. Y otras veces empieza con algo igual de sencillo y exigente: aprender a escuchar sin miedo.
Santi Vedrí
