Opinión

Como en casa

No sé si te habrá ocurrido alguna vez que, al salir de tu pueblo, ciudad o país, cualquier pequeño detalle que te recuerde a él —un acento familiar, una comida típica, una camiseta de tu equipo— te provoca una emoción, ¡como si estuvieras en casa! Te conecta con tu identidad y te hace sentir en un lugar seguro.

La Iglesia puede ofrecer esa misma sensación: la experiencia de un Dios omnipresente. Es un espacio compartido, abierto a todos y presente en todo el mundo, que genera esa sensación de “casa”. En la Casa del Padre, sin importar el lugar, encuentras un sitio de paz que habla el mismo lenguaje del amor.

Dios siempre tiene los brazos abiertos, nos espera en el Sagrario de cualquier iglesia, deseando que vayamos a compartir nuestras alegrías o a buscar consuelo.

Pero tras esa experiencia de encuentro, el Señor nos dice: “Id y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15-18). El amor se vive mediante la contemplación y el servicio. Nos invita a salir de nuestra zona de confort, nos pone en el camino a hermanos que nos ayudan y también a aquellos a quienes debemos servir y dar testimonio.

En el momento en que estés, en el lugar donde te encuentres, dedica un ratito al Señor. Agradécele este nuevo día que comienza y llénate de su gracia, para poder ser misioneros de su amor.

Belén Rodríguez