José Luis Gago. In memoriam.
No llegué a conocer al padre José Luis Gago. No coincidí con él por muy poco. Cuando comencé a trabajar en comunicación para los dominicos, él ya había fallecido.
Y, sin embargo, su huella sigue muy presente. Está en las palabras de quienes trabajaron con él, en la memoria de quienes compartieron convento o micrófono, en la de su familia, y en la estela de su vida entregada al Evangelio, a la predicación, a la comunicación.
Es una pena no haber coincidido con él, porque estoy seguro de que habría aprendido muchísimo. De él se decía que sabía abrir caminos, encontrar oportunidades donde otros no las veían, y convertir la comunicación en verdadera predicación.
El pasado 25 de mayo, tras una misa en su memoria, don Luis Argüello anunció que la fase diocesana del proceso de canonización concluirá en el mes de julio. Un paso más en el reconocimiento de una vida entregada.
Quienes le conocieron coinciden en algo muy sencillo: fue un santo, de esos que no necesitan aureola porque su vida ya era luz. “Un cuerpo entero de alma grande y espíritu diáfano”, dijo el periodista Mario Alcudia.
Su voz, su presencia, su manera de mirar, de escuchar, de tender la mano… han marcado a varias generaciones de periodistas. Evangelizaba con palabras, sí, pero sobre todo con gestos. Como recordaba la periodista Eva Galvache, “tenía las puertas de su despacho siempre abiertas”, y su actitud ante todo el mundo era: “escuchar y ayudar”.
No solo fundó la COPE tal como la conocemos hoy —“la creó de la nada”, recuerda Eva Fernández, corresponsal en el Vaticano—, sino que le dio un alma. No buscaba estrellas, sino transmitir el Evangelio con belleza, con verdad, con fidelidad. En palabras del cardenal Carlos Amigo, fue “un pionero en utilizar los medios de comunicación para transmitir el mensaje de Cristo”.
El padre Gago fue, ante todo, un dominico enamorado de la predicación. No entendía los medios como un fin, sino como un canal para llevar a Dios hasta el último rincón.
Fue además referente y maestro de muchas de las grandes figuras de la radio española actual. Desde COPE, su legado sigue vivo en quienes lo tuvieron como jefe, como guía o como amigo. “Era muchas cosas mías: un jefe, un guía, un amigo, un confesor”, explicaba Carlos Herrera, una de las voces más reconocidas de la radio. Luis del Olmo también reconocía que fue “algo más que mi padre”.
En un tiempo en que muchas veces lo urgente nos arrastra, su figura me hace volver a lo esencial: la claridad, la hondura, la amabilidad, la fidelidad al Evangelio.
En uno de los estudios centrales de COPE hizo colocar un gran letrero con una sola frase: “La verdad os hará libres”. Ahí sigue, para que todo periodista que entre no olvide una de las grandes premisas del periodismo.
Santi Vedrí
