Solidaridad

De soledades distraídas o abstraídas

En realidad no voy a escribir tanto de la soledad como del ensimismamiento que nos impide mirar el mundo en el que vivimos. Quería reflexionar a propósito de una charla que escuché ayer de parte del obispo emérito de Tánger, Santiago Agrelo (en un ciclo de formación de Cáritas).

Unos días antes había visto una película bastante interesante, desgarradora, vertiginosa e intensa, La historia de Souleymane… Al salir del cine la gente hablaba cansada y despacio, parece que no sabían qué decir, que la película les había gustado o no, que les había inquietado tal vez, alguien que hubiera querido salirse. En todo caso fuimos capaces de pasar casi dos horas mirando a ese muchacho guineano, rider de la noche parisina, repartiendo comida a domicilio mientras prepara su entrevista de solicitud de asilo.

Me llama la atención que la gente fuera capaz de soportar el visionado de la película y con esta sensación reciente empezaba a escuchar ayer la charla del monseñor que he mencionado.

Lo primero que cabe destacar fue su insistencia en la invisibilidad de los migrantes, cosa ya sabida, me diréis, cierto, sin embargo, quizá no hemos reflexionado lo suficiente en esta paradoja. Dos horas de película, una agradable visita al museo para ver una exposición VIP en cualquier sala de Madrid, dolor y desgarro bien retratados, quizá incluso premiados, de rostros de migrantes… Pero en la vida real, como bien señalaba el obispo franciscano, el sufrimiento de estas personas nos es completamente invisible.

De hecho, se trata de una ceguera programada, porque no queremos mirar, y si lo intentamos tampoco es fácil, hay demasiadas distracciones, ruidos mediáticos, luces de neón iluminando la butaca de nuestra sala. Acogedora soledad de lo doméstico, entretenida en menudencias. Los migrantes están demasiado apartados en los márgenes de la sociedad y de la suciedad de nuestras almas ensimismadas. Es difícil verlos porque hay una invisibilidad programada desde la gestión política, social y económica. La marginación no es solo una cuestión física, los medios de comunicación empañan, aíslan, criminalizan con demasiada frecuencia. Doble moral en definitiva, aunque luego se hagan bonitas películas y exposiciones de fotos.

Sobre la pantalla la piel no duele ni sangra, en la fotografía del museo limpio y silencioso nada nos toca, nadie suspira, ni expira, ni transpira. Los cuerpos son sólo metáforas de una poética plástica buenista  y solidaria. Allá, en la distancia sangrante de las fronteras, sin embargo, alguien es traspasado en carne viva, por una bala o una concertina. Vidas que se rompen y se desgarran y se devuelven, como cordero llevado al matadero, al otro lado de la valla. En realidad esto no nos toca ni nos concierne, tras la salvaguarda de esa pantalla limpia que metaboliza arteramente en una reflexión cuasi-mística la noticia. En la superficie del corazón una conmoción instantánea, suave, que vamos a digerir con un buen café a la salida del museo o del cine, y comentaremos solidariamente con nuestros amigos. Así pasa la vida, nuestra vida, la que nos ha tocado en suerte a nosotros en sociedades desarrolladas, consumistas opulentas, tranquilamente abastecidas…

Colonialismo cultural, colonialismo económico, político por supuesto, colonialismo incluso tecnológico, por cierto, pues la basura de los dispositivos y baterías se envía a distintos lugares de África, contaminando lagos y otros espacios naturales (¡donde no hay turismo!) Todo esto nos fue relatado desde la experiencia de varios años en Tánger, pastoreando aquella archidiócesis por donde pasa gran parte de las migraciones que llegan a las fronteras y a las vallas de Ceuta y Melilla.

Hoy sólo quería llamar la atención acerca de la doble moral que nos asiste: aplaudir películas, poner en primera página exposiciones maravillosas en blanco y ***** destacando más si cabe la negritud… Películas, documentales, fotografías, que justamente por su estremecedora belleza retocada y maquillada, no llegan más allá de una pequeña conmoción de nuestra buena conciencia solitaria, distraída y abstraída. Sólo esto quería compartir, vi una vertiginosa película, escuché una charla doliente en una voz herida…

(Ahora, si queréis afinar un poquito en esta reflexión, decidme por qué los asteriscos en la “herida”, o sea en mi texto más arriba. La explicación es muy sencilla, como he estado varias veces en Guinea escribo poemas o artículos o simplemente diarios sobre mi experiencia. A veces lo hago a mano, otras veces para agilizar dicto al Word, y el Word no me transcribe niño negro, mujer negra, foto en blanco y negro, en su lugar coloca asteriscos, como veis, puntos de una cirugía sin suturar. El lenguaje es el mejor modo de censura y manipulación, sobre todo en el interior de nuestras idolatradas democracias, por supuesto blancas)

Sagrario Rollán

Crédito de la Imagen: Sagrario Rollán