Religión

Padre, Hijo y Espíritu Santo

El domingo, Raúl (así lo llamaré) acudía junto a su padre a la misa de la Parroquia del barrio. A pesar del día lluvioso, él iba feliz y todo equipado con su chubasquero amarillo y su paraguas de la Patrulla Canina. Ya en misa, aunque algo inquieto, seguía lo que su padre le iba indicando.

Su padre, un chico relativamente joven, mulato, y con un bonito acento colombiano, vivía con gran espiritualidad la Eucaristía pero la compartía con ilusión junto a su hijo. Miraba a Raúl con cariño y le iba enseñando cada gesto, haciendo que lo repitiera, corrigiéndolo y mirándolo con orgullo cuando veía que el niño seguía bien el momento eucarístico; con palabras, le explicaba cada parte de la Eucaristía. Raúl, con curiosidad, le hacía preguntas y su padre, con cariño y paciencia le iba explicando, haciendo que el niño viviera con gran amor y respeto ese momento.  La imagen de un padre que cuidaba, enseñaba, era ejemplo, consuelo y permitía a su hijo que experimentara el amor de Dios en la Eucaristía.

Mientras observaba este precioso momento de padre e hijo, escuchaba en la Palabra “ El Espíritu de Dios está sobre mí”; «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír», ¡que gran verdad! El Señor ponía delante de mí su Palabra y en los detalles, se hacía presente. En muchas ocasiones no atendemos la Palabra, solo la oímos de refilón, o incrédulos pensamos que no ocurrirá. En otras, no confiamos, dejando arrinconado al Espíritu sin ser conscientes que Dios está en nosotros. Seamos como el pequeño Raúl, seamos curiosos, dejémonos guiar por lo que quiere Dios para nosotros, incluso corregir para mejorar, escuchemos la Palabra y observemos con admiración al Padre bueno, confiemos en Él.

P.D. Raúl a la salida de misa siguió preguntando. Caminando junto al padre, conversaban a cerca de la vida y él escuchaba con gran atención todo lo que su padre le iba relatando. No siempre estaba conforme, pero parecía que al decirlo su padre se quedaba tranquilo. Confiaba.

Belén Rodríguez Román